Harrington, Turquía y Panamá

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Alepo, en Siria no lejos de la frontera con Turquía. Foto por VOA.
Alepo, en Siria no lejos de la frontera con Turquía. Foto por VOA.

Telenovela turca

por Kevin Harrington-Shelton
La historia no es sino un poema cíclico, inscrito en la memoria de los hombres
Percy Bysshe Shelley

 

Con una vía acuática de interés global, ha de preocuparnos mucho el trasfondo del caos actual en Turquía –donde también controlan parecidos embudos logísticos. El derecho internacional es la única defensa –para micro-estados como Panamá– contra el “Gran Juego” que viene depredando el Medio Oriente desde 1850.

Comenzando por la autodeterminación que tanto predica Occidente. Allá demasiados países no son sino kaleidoscópios étnicos. Y Panamá es parecido a Siria, quien invitó a Rusia a apuntalar al gobierno Assad mediante los bombardeos que nos aproximaron al abismo nuclear. Porque el Tratado Torrijos Carter es –mediante la Cláusula DeConcini que “sólo ún panameño ratificó”– una invitación abierta para intervenir aquí en Panamá (Para eso son los ejercicios militares combinados que los usuarios latinoamericanos de “nuestro” Canal hacen anualmente.)

En Siria el daño a no-combatientes viola toda convención de guerra. Como también lo hace la venganza que programa la OTAN porque –esta vez– las víctimas fueron civiles europeos.

La noción de control de daños bélicos halló su mentís aquí en Panamá. “Revuelvo la mirada y a veces siento espanto”, cuando recuerdo como en la Invasión de 1989 topé con una columna de tanques norteamericanos que no sabía leer su mapa — y confundía el Parque Urracá con el Parque Gallegos/Torrijos/Club de Golf. Esto, en tiempos de GPS y considerando los 100 años en la Zona del Canal que debieron conocer pulgada por pulgada al menos nuestra ciudad capital, recuerda lo dicho por Alberto Einstein: “Si no podrías explicárselo a un niño de seis años, tu mismo no entiendes el problema.” Y hoy los drones eliminan toda moral.

Nuestro Canal ya sufrió un susto nuclear, cuando la Crisis de los Misiles en Cuba (1962). Por suerte no llegó a peores, pero se tuvieron ensayos de protección civil y aprovisionamiento de víveres hasta que los diplomáticos re-establecieran la normalidad. Su solución involucró una faceta del caso actual. Entonces, Moscú acordó retirar sus ojivas nucleares de Cuba, si Washington hacía a otro tanto para sus propios misiles en Turquía. Coincidentalmente, en la misma base aérea ubicada a 10 millas de donde se dio la Cumbre Económica G-20.

Durante el resto de la Guerra Fría, el manto de secretismo en torno a esta base de Incirlik promovió que Estados Unidos (Israel) se hicieran de la vista gorda sobre los desmanes turcos en la región, los que no comenzaron anteayer. Secretismo que se extendió a todo el resto de la cercana URSS musulmana, y que finalmente se destapó al desmembrarse el sur de aquel imperio.

Quizás la suprema ironía en la actual guerra civil musulmana sea que se da precisamente en la región dónde se formuló el Cristianismo. Porque a pocos años tras la Pasión de Cristo las persecuciones en Jerusalén obligaron a sus discípulos a asentarse en esa región al norte de Siria. Y fue puntualmente en Antioquia donde se gestó la fórmula para admitir a los no-hebreos a la nueva fe (en base a los Mandamientos de Noé) y de Antioquia también partió San Pablo en sus viajes para propagar la nueva religión incluyente.

(Como dato curioso, de la vecina ciudad Alepo –que tanto figura en lamentables titulares– provino a Panamá gran parte de la comunidad hebrea que hoy convive con nosotros.)

 

Quienes comemos tres veces al día tenemos una obligación hacia quienes no comen, y la mejor forma de cumplirla es perseverando en una vocación profética en promoción de un Estado de derecho que funcione como debe — suficientemente informado.

 

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