Harrington, ¿Y si no es El Niño?

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suelo del verano
Tierra dura del verano. Foto por Eric Jackson.

¿Y si no es El Niño?

por Kevin Harrington-Shelton

 

No oponerse a un error es aprobarlo; no defender la Verdad es encubrirla; dejar de contradecir en todo lo que se pueda a hombres negativos, no es peor pecado que el darles cuerda.
Papa Felix III (446-495)

 

El panameño promedio prefiere no pensar y –lamentablemente– demasiados periodistas no reconocen como deber estimular su pensamiento sobre el futuro del país. Ejemplo. Las lluvias tan inusuales que aquí se atribuyen a El Niño pudieran presagiar cambios mas permanentes del cambio climático que bien pudieran afectar las operaciones del Canal que, como tantos productores campesinos –depende de un régimen de aguas predecible.

Aún no se ha divulgado a qué se nos comprometió como país en la Conferencia de París. El presidente Juan Carlos Varela –que viene insertando la palabra “transparencia” en cada una de sus intervenciones públicas, pero no la practica– y todavía tiene miedo de ordenarle a su ministro del Canal Roberto Roy que cumpla con su obligación legal de comparecer personalmente ante la Asamblea, a rendir cuentas sobre el caos en el Canal (hasta que se lo exijan desde Washington.) Esto pese a que Varela anunció a los jubilados que resolvería la crisis de las pensiones de la Caja de Seguro Social “después de la Ampliación”, sin que nadie cuestionara tan inquietante perspectiva. Porque, en su estrategia mediática, (al igual que el contralor Federico Humbert Arias y su ministra de Ambiente Mirei Endara), el Presidente también pone pie en polvorosa, tras formulársele alguna pregunta lícita pero incómoda.

No obstante tal falta de liderazgo oficial, en fuentes internacionales ya hay suficiente información para poner en perspectiva el tema. París no ha sido un éxito, como se ha querido proyectar. Ejemplo. Las reiteradas y repetidas declaraciones de sus firmantes que lo acordado “manda un mensaje al mercado” encubre una realidad: mientras los precios del petróleo sigan bajos, poco aliciente habrá para que se utilicen alternativas más costosas, ya que no se les obligue a ello. Particularmente en vista de que esta semana la OPEP indicó que no prevén –al menos en los próximos cinco años– que el barril regrese a $70, precio de equilibrio de ciertas energías-alternativas. La acumulación de carbono pareciera no tener cuando acabar: París no limitó los $500 mil millones anuales en que el Fondo Monetario Internacional estima el gran total de subsidios a diversas etapas de la industria petrolera internacional.

El día a día de la energía es netamente politiquero –no científico– como podemos comprobar en Panamá. A inicios de 2015 el Mandatario mandó a tres voceros a sondear la posibilidad de mantener los impuestos de la gasolina, a efectos de ahorrar al Estado una cantidad no-especificada de ingresos. La negativa fue clara. Pero desde entonces los precios en Panamá no han seguido al mercado internacional, porque no se viene cumpliendo la voluntad popular.

También en la generación eléctrica se encubren ciertas otras cusucas, que tenemos derecho a saber, pero que nuestros periodistas rehusan dar seguimiento a declaraciones absurdas. La ministra de Ambiente huyó de una conferencia de prensa sobre la planta térmica en La Chorrera. Parecido a la exhibida dada en la hidroeléctrica de Barro Blanco. Por parecida razón: ambas concesiones fueron otorgadas en los primeros 26 meses “del gobierno anterior”, con idéntica metodología: se autorizaron inicialmente por un cuantía, la que posteriormente se aumentó. Y, a juzgar por lo trapense de los medios, a estas alturas los concesionarios ya se habrán encontrado un más válido matreaqueador.

Mejor ni hablar de la minería-salvaje propuesta para Coclesito (Donoso), porque el Presidente tampoco lo hizo en París –pese a ser pívote en su Plan.

 

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