Polo Ciudadano, ¿Hacia dónde va el País?

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JC y AP
Varla y Ayú Prado. Foto por la Presidencia.

¿Hacia dónde va el País?

por el Polo Ciudadano

La corrupción continúa carcomiendo al régimen político panameño, ahora bajo el gobierno del partido Panameñista, encabezado por Juan C. Varela.

Frente la mirada del pueblo panameño, el régimen político panameño continúa su proceso de putrefacción heredado de los gobiernos de los últimos 25 años, disfrazados de “democracia”, pero en los que una oligarquía corrupta sigue mandando a través de un puñado de partidos (PRD, Panameñista, CD, Molirena y PP).

Los grandes negociados y la corrupción, que las actuales autoridades denunciaban en el gobierno anterior del CD – Ricardo Martinelli, ahora aparecen ante la faz pública como actos cometidos por los funcionarios actuales, demostrando que sólo cambiaron las formas, pero el fondo sigue igual.

Constituyen manifestaciones actuales de ese proceso de putrefacción y corruptela: en el uso continuado del PAN (ahora DAS), para repartir contratos públicos a empresas favoritas a través del método de la “fragmentación de materia”, que ha salpicado al ministro de vivienda; la detención de allegados a dos diputados con importantes cargamentos de drogas y dinero sucio; y las declaraciones auto-incriminatorias del magistrado de la Corte Suprema, Harry Díaz, por las que reconoce actos de corrupción en el sistema judicial.

A esta nueva fase de corrupción podemos sumarle la aplicación continuada de una política económica neoliberal que sigue deteriorando la calidad de vida del pueblo panameño y aumentando la pauperización. Pese a las estadísticas manipuladas, es evidente un aumento de precios considerables en los alimentos de la canasta básica; un crecimiento ligero del desempleo abierto y de la informalidad que afecta a la mitad de la fuerza de trabajo; la continuidad del deterioro de los servicios públicos en los barrios populares: (el transporte, agua, educación y salud) siguen en picada y cada semana alguna comunidad protesta en las calles y solo tiene por respuesta los antimotines y la policía.

Con relación a lo que en su momento hizo Ricardo Martinelli B., Juan C. Varela solo ha cambiado los métodos y maneras de actuar. Ya que en vez del uso inmediato de la represión y la fuerza para imponer sus políticas, cada vez que puede, este usa (como se dice en el argot popular) la “vaselina” del diálogo.

Un diálogo tramposo y amañado que sólo sirve para distraer y continuar con sus imposiciones. Ejemplo de ello fue la trampa a la dirigencia Ngäbe-Buglé con el proyecto de Barro Blanco; y la que se tendió a los gremios de la salud a cambio de un aumento salarial (incumplido a los técnicos de enfermería) para legitimar una “integración” que cargue sobre la Caja de Seguro Social el presupuesto del MINSA.

Y viene más: ya se anuncia la privatización de la producción de agua en el lago Bayano, que implicará carestía del “vital líquido”; vienen nuevas reformas al sistema de jubilaciones para aumentar la edad y las cuotas legitimando el saqueo de los fondos del programa para favorecer el negociado de la “ciudad hospitalaria”; continúa el esquema de las “escuelas modelo” de Lucy Molinar, mientras que las escuelas públicas se caen a pedazos; las concesiones mineras e hidroeléctricas a grandes capitales nacionales y extranjeros, etc.

Todas estas situaciones reales, requieren de parte de los ciudadan@s concientes y honestos del país, del movimiento obrero y popular, una respuesta que frene el proceso de las nuevas y estilizadas imposiciones neoliberales y frente a la avanzada de la corrupción galopante.

Urge la importancia de crear conciencia y unidad en la diversidad, que permita ir construyendo un movimiento social unitario y combativo, que sea referente para las luchas que a diario se producen en el país, y que sea la base sobre la que se construya un movimiento ciudadano, político y alternativo, a la partidocracia existente de la oligarquía y de los empresario corruptos.

Aunque persisten algunas siglas, la realidad es que todas las referencias que existían hace diez años, han desaparecido del imaginario popular.

Frente a esa realidad como Polo Ciudadano creemos que hay que unir esfuerzos en aras de construir, sobre la experiencia, algo nuevo que le de espacios reales de opinión, participación y acción al pueblo panameño.

Debemos superar la persistencia de métodos soberbios, sectarios y autoproclamatarios en el movimiento sindical y popular que están dificultando, obstaculizando y entorpeciendo la construcción de esa alternativa real de referencia. De lo contrario, las diversas acciones de protesta solo servirán para beneficiar a uno de los sectores burgueses en pugna. Y, en la eventualidad de que se convoque una Asamblea Constituyente, como ya suena y se rumora, corremos el peligro de quedar sin representación real y efectiva como pueblo.

 

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