Tiburones
ballena son responsables de proyecto ecoturístico
ejemplar en el Caribe Mesoamericano, uno de los pocos lugares
del mundo donde se puede ver este animal que alcanza el
tamaño de una avioneta.
Nadar con
tiburones ballena es una actividad exótica que
está tomando auge entre comunidades del estado de
Yucatán en México, Belice y Honduras como una
alternativa de ingresos más rentable, fácil y
divertida. Pero el negocio podría acabar con la
especie.
Conocido como
"Dominó" por su piel gris con líneas y
puntos blancos regados por su lomo y con un color crema en su
parte inferior. Este dócil gigante del océano
tiene cabeza ancha y plana y puede llegar a medir hasta 15
metros de largo y pesar más de 15 toneladas. Es
efectivamente un tiburón, pero se le añade la
palabra ballena por su tamaño.
Aunque esta
especie parece peligrosa, realmente no ataca al ser humano y
más bien permite el nado a su alrededor. Se alimenta de
plancton que succiona en cantidades gigantescas, con lo cual
ayuda a mantener el equilibrio ecológico del Arrecife
Mesoamericano, una de las 200 ecoregiones más
sobresalientes del mundo según clasificación de
la organización conservacionista WWF.
"Por sus
características, los tours para observar y nadar con
este pez, el más grande del mundo, están
creciendo de forma acelerada y sin un desarrollo planificado,
por lo que previendo un posible impacto ambiental WWF
inició un proyecto de educación con empresarios,
comunitarios y entidades de gobierno involucrados",
señaló Carlos García-Saez, coordinador del
proyecto Arrecife Mesoamericano de WWF.
El potencial de
esta actividad como alternativa turística se
descubrió este año en el Arrecife
Mesoaméricano, y desde entonces turistas de todas partes
del mundo contratan tours pagando hasta 250 dólares por
viaje, lo cual es un negocio conveniente para pescadores cuyo
ingreso diario con la pesca asciende a los 25 dólares
tras un día intenso llevando sol y sin la seguridad de
capturar lo suficiente para compensar lo trabajado.
Consciente del
crecimiento acelerado de este negocio y previendo un desarrollo
inadecuado, WWF y sus socios decidieron iniciar un proceso de
diálogo con los involucrados para establecer las
regulaciones que permitan que la actividad se desarrolle de
forma rentable y sin afectar el ambiente. Un primer taller se
dio en Holbox, isla maya que está más al norte de
la península de Yucatán y cuyos habitantes
consideran al tiburón ballena como su especie
abanderada.
Durante este
taller realizado en mayo, el pescador Wilbert Betancourt dijo
que en su comunidad están "claros sobre el
potencial turístico de este enorme pez, pero necesitan
más información porque hasta ahora las giras han
sido un desorden, cualquiera hacía lo que quería,
era un espectáculo nocivo".
El proyecto
tiburón ballena impulsado por WWF comprende el apoyo a
la capacitación de tour operadores, redacción de
un marco legal, generación de información
científica, y estrategias para combatir la
asincronía entre los países involucrados.
Pablo Ramos,
oficial de turismo de WWF, explicó que se trata de una
práctica que apenas arranca, por lo que hay un gran
vacío de información. "Hay dos factores
clave: primero que es un turismo de alto poder adquisitivo y
segundo que hay que proteger la especie. De ahí que
antes de que el negocio pierda su derrotero debemos seguir
promoviendo mejores prácticas de manejo".
Ver un
tiburón ballena es algo exclusivo, sus apariciones
sólo se presentan en otras regiones como Filipinas.
Figura como "amenazado" en la lista de especies de la
Unión Mundial para la Conservación de la
Naturaleza (UICN), en el apéndice II de la
Convención de Especies Migratorias que enumera las
especies vulnerables compartidas por varios países, y el
apéndice II de la Convención Internacional de
Especies en Peligro (CITES) que regula su comercio
internacional.
Para mitigar
los efectos del contacto del ser humano con el tiburón
ballena, Ramos citó como ejemplo el apoyo de WWF a la
generación y aplicación de normas de
aproximación como número de personas presentes
durante un avistamiento, número de embarcaciones,
distancia y otras medidas preventivas que se aplicarían
sin distingo de fronteras.
"Y es que
el trayecto del tiburón ballena es repetitivo y
comprende desde las islas de la Bahía en Honduras
pasando por Belice hasta el norte de la costa de
Yucatán. Este patrón de movimiento migratorio
permite que las actividades de ecoturismo se mantengan a lo
largo del año, pero basadas en países diferentes
dependiendo del mes", afirmó Maricarmen
García, delegada de la Comisión Nacional de
¡reas Naturales Protegidas de México (CONANP),
institución que participa en la iniciativa.
"Todavía no conocemos bien su valor para
mantener la biodiversidad, pero es claro que su
conservación beneficia directamente a los arrecifes,
hábitat de las agregaciones de peces cuyos huevos son el
platillo preferido del tiburón ballena", dijo
Sandra Andraka, coordinadora de programa de especies de WWF
Centroamérica.
"Vale
más vivo que muerto porque es un recurso, una joya del
mar. Si lo sabemos cuidar todos ganaremos este juego del
dominó", agregó Andraka.
La autora es Oficial de Comunicaciones
de WWF para su sede en Centroamérica