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Por una Asamblea Constituyente
por Olmedo Beluche --- Adital / Cáritas Panamá
Tanto por la forma como por el contenido, las reformas constitucionales propuestas por Martín Torrijos, con el aval del gobierno arnulfista, son inconvenientes e insuficientes para el pueblo panameño. Son reformas meramente "cosméticas", hechas para que nada cambie. Su objetivo es prevenir que reviente la paciencia popular, harta de un régimen bipartidista, cuya "democracia" se restringe al sufragio, caracterizado por la corrupción que corrompe todos los órganos del Estado, la plutocracia, el nepotismo y la abyección ante los intereses extranjeros, mientras al pueblo solo le toca la miseria y el desempleo.
Si la Constitución es la "madre de todas las leyes" y, por tanto, define el carácter del país que queremos los nacionales, al pueblo panameño le interesaría una nueva Constitución que acabe con todos los males que sufrimos en el presente. Una nueva Constitución sirve para algo si nos permite barrer con todos los funcionarios y políticos corruptos, y las leyes que los amparan.
¿Qué clase de Constitución queremos? Una que diga: que el trabajo no solo es un derecho, sino que es deber del Estado proporcionarlo; que el Estado garantizará gratuitamente: salud, educación, vivienda, servicios públicos eficientes; que el bien común está por encima del interés privado, para lo cual los servicios públicos (luz, agua, teléfono, salud, educación, combustible) deben estar en manos del Estado panameño y no de empresas privadas extranjeras que se enriquecen a costa de nuestra miseria.
Al pueblo panameño le interesa una Constitución que establezca que los impuestos sean directamente proporcionales a los ingresos, no como ahora, que los ricos y las transnacionales gozan de todo tipo de exoneraciones, mientras los asalariados pagamos el grueso del impuesto sobre la renta y el ITBM.
Una Constitución que fije como principio la soberanía económica del país, rompiendo con toda imposición de organismos financieros internacionales, llámense FMI, Banco Mundial, TLC o ALCA; y que desconozca la deuda pública de dudoso origen o impuesta en condiciones leoninas.
Una Constitución que sea verdaderamente democrática impondría la elección directa de todas las autoridades, incluyendo jueces y magistrados. Para acabar con la corrupción fijaría un límite a los salarios de los altos funcionarios (presidente, ministros, legisladores y magistrados), e impondría la revocatoria de mandato inmediata y directa por parte de los electores.
Una Constitución que responda al interés general dirá que la propiedad de la tierra es nacional, entregada en usufructo a todo el que la trabaje, por ende no podrá ser enajenada por intereses particulares, menos extranjeros; que el Estado protegerá e incentivará la producción agropecuaria e industrial nacional frente a toda competencia extranjera; que el Canal es propiedad de la nación y su junta directiva y sus finanzas deben estar controladas por representantes de los sectores populares.
Una Constitución que verdaderamente responda al interés nacional debe establecer que la soberanía del Estado panameño es innegociable, y solo podrá ser ejercida por la fuerza pública nacional, prohibiendo permanentemente toda presencia militar extranjera, derogando cualquier tratado que la ponga en duda, desde el Pacto de Neutralidad al Salas-Becker.
Hacer esta nueva Constitución, que es la que convendría al pueblo panameño, requiere una Asamblea Nacional Constituyente, electa democráticamente, sin el actual Código Electoral, para que puedan llegar a ella los verdaderos representantes populares y no sea controlada por los partidos políticos beneficiarios del actual estado de cosas. Tendría que ser soberana en sus decisiones, sin los límites que la reforma de Torrijos y Moscoso quieren imponer ("paralela").
Como el objetivo de las reformas Torrijos-Moscoso no es darnos la Constitución a la que el pueblo panameño aspira, ellos han despreciado la Asamblea Constituyente y han preferido para aprobarlas el método de las dos asambleas legislativas. ¿Cómo van a ser positivas unas reformas aprobadas por un Legislativo caracterizado por los escándalos de corrupción? Hay que ser muy ingenuo para creerlo. Pero como la profesión de estos políticos del arnulfismo y el PRD es vender ilusiones, le han puesto a sus reformas algunos "caramelos" para ver si caemos como Hanzel y Gretel.
Pronóstico: estas reformas pasarán, llegará el 1 de septiembre, tendremos nuevo gobierno, pero nada habrá cambiado. Por ende, la lucha contra la miseria neoliberal, la corrupción y el régimen bipartidista y antidemocrático seguirá vigente. Por ello, seguiremos sosteniendo la bandera de una Asamblea Constituyente para refundar la República, enterrando al régimen antidemocrático y títere de los intereses estadounidenses.
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