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Venezuela: Derrota del imperialismo
por Edgar González Ruiz - Adital
El 17 de abril de 1961 desembarcaron en Cuba fuerzas mercenarias subvencionadas y entrenadas por el gobierno de Estados Unidos. Ese mismo día, el gobierno de la Isla, encabezado por Fidel Castro emitía un comunicado de guerra donde advertía: "Ellos vienen a quitarnos la tierra que la Revolución entregó a campesinos y cooperativistas.... Ellos vienen a quitarnos de nuevo las fábricas del pueblo, las centrales del pueblo, las minas del pueblo. Ellos vienen a quitarles a nuestros hijos, a nuestras muchachas campesinas las escuelas que la Revolución les ha abierto en todas partes.... Ellos vienen a quitarles al hombre y a la mujer negros la dignidad que la Revolución les ha devuelto.... Ellos vienen a destruir la patria".
La invasión fracasó ante la resistencia del pueblo cubano y en junio de ese año se publicaba en La Habana el libro Playa Girón. Derrota del Imperialismo, que en cuatro volúmenes relataba detalladamente el desembarco y sus secuelas, dejando claro que eran sectores ultraderechistas y empresariales quienes encabezaban la desestabilización del gobierno cubano.
Con las diferencias que marca el mundo actual en lo referente a los métodos de la lucha política, y a las peculiaridades de los proyectos de nación de Cuba y de la Venezuela actual, respectivamente, hay también semejanzas entre esa derrota histórica del imperialismo y la que recibió ayer con el triunfo contundente del presidente Hugo Chávez en el referendo con que pretendía arrebatarle el poder una oposición que como los mercenarios que hace décadas invadieron Cuba, ha estado directamente apoyada y financiada por el gobierno de Estados Unidos y por grandes empresarios locales.
Paradójicamente, es este último un gobierno encabezado por un personaje que aunque pretende haber llegado a la presidencia del país más poderoso del mundo con la ayuda de Dios y hacer la guerra inspirado por él, ciertamente no llegó a ese cargo como resultado de un claro triunfo electoral como el que logró ayer Chávez.
El propio expresidente estadounidense James Carter, uno de los principales observadores de ese proceso, aseguró el domingo 15 que, en su criterio, él preveía resultados mucho más satisfactorios en el referendo de Venezuela, que en las elecciones que hubo en el estado norteamericano de Florida en el 2000.
Ciertamente, el presidente Hugo Chávez reitera la legitimidad de su mandato, con una prueba definitiva de la adhesión popular, luego de haber soportado un golpe de estado y constantes campañas desestabilizadoras financiadas por el gobierno de Bush.
El triunfo de Chávez, lo es también de todos los pueblos latinoamericanos, que no de todos sus gobiernos, e incluso representa un importante beneficio para los sectores progresistas de la sociedad estadounidense, pues puede contribuir a debilitar aún más las expectativas de reelección de Bush y por la tanto la continuidad de sus proyectos fundamentalistas y militaristas a ultranza. En ese sentido, tiene especial importancia el comentario que hiciera Carter validando el proceso democrático venezolano.
Premisas de la confirmación de Chávez en el referendo de ayer son su innegable carisma ante los sectores populares, su inteligencia política y la entereza con que ha sabido enfrentar las presiones del país más poderoso del mundo, pero ante todo, el apoyo real que su gobierno ha otorgado a los sectores populares que ayer votaron por él.
Por el contrario, los más protagónicos sectores y personajes que se oponen a Chávez, promueven un capitalismo salvaje que pretende reemplazar la justicia social por el mero afán de lucro y hacer al estado un simple instrumento al servicio de los intereses económicos. Como los mercenarios que invadieron Cuba en 1961, los antichavistas financiados no tienen un proyecto de nación, fuera de los guiones que les dictados desde Estados Unidos, y los une solamente su objetivo de derrocar a un gobierno con compromiso social.
Por ejemplo, Cedice y Súmate, dos de las organizaciones que han estado promoviendo el derrocamiento de Chávez han recibido muchos miles de dólares del gobierno de Bush, con la consigna de defender la "libre empresa", mientras que el alcalde de Caracas, Alfredo Peña, furiosamente antichavista, ha puesto a la policía al servicio de sus objetivos políticos y ha llegado a contratar con honorarios de más de cien mil dólares, que en sí mismos son un robo, a un policía estadounidense que vende a ese precio un esquema para reprimir a los pobres en beneficio de los ricos.
Gustavo Cisneros, el multimillonario dueño de importantes medios de comunicación en Venezuela y de muchos otros negocios, uno de los hombres más ricos de América Latina, ha hecho su fortuna, como se hacen las grandes fortunas, con una combinación de sentido comercial y falta de ética. Es famoso, entre otras cosas, por vender telenovelas y espectáculos, entre ellos el concurso Miss Venezuela, que son a su vez medios para inducir ventas millonarias de productos chatarra, y con todo ello no ha hecho ningún bien al pueblo venezolano, sino que, como en el episodio bíblico, ha pretendido convertirse en un becerro de oro fabricado con las pertenencias de cada uno de los ciudadanos.
Más aún, Cisneros recurre a sus medios de comunicación en especial los electrónicos, para tratar de convertir a los telespectadores en defensores del empresariado. Es una estrategia perversa, pues hace a mucha gente actuar contra sus propios intereses, pero desafortunadamente puede ser muy eficaz, y sin duda ha generado miles de opositores al gobierno de Chávez. Los comunicadores al servicio de los grandes empresarios están haciendo el papel que antes jugaban los sacerdotes y jerarcas católicos para manipular con fines políticos la opinión de la feligresía. Esta estrategia se ha usado con gran eficacia y ha sido incluso decisiva en otros países, como México, donde con estrategias de mercadotecnia en los medios electrónicos se propicio el triunfo del derechista presidente actual, Vicente Fox, y se han impulsado proyectos de seguridad pública basados en la represión de los marginados a la vez que se han tratado de soslayar problemas como el desempleo, la miseria, la falta de compromiso social del actual gobierno, e incluso las prácticas abusivas de los comerciantes.
Otro factor que otorga fuerza a las organizaciones reaccionarias que defienden los proyectos neoliberales en diferentes países del mundo es la sincronización de sus esfuerzos por medio de los llamados "think tanks" que en todo el mundo están desarrollando una verdadera guerra contra los pobres. A ellos se han enfrentado también con éxito las fuerzas populares que defendieron el domingo la permanencia del presidente Chávez al frente del gobierno, y a las que brindaron su solidaridad los sectores progresistas de varios países del mundo, haciendo ver la vigencia que hoy más que nunca tiene el lema: "proletarios de todos los países, uníos", ante un capitalismo sin freno, ante un capitalismo sin contrapeso luego de la desaparición del bloque socialista.
El autor es un escritor mexicano y autor del libro "Cruces y Sombras".
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