La Comunidad Suramericana y sus enemigos
por Alberto Buela - Adital
Es sabido --- desde Alcmeón de
Crotona, siglo VI A.C. para acá, pasando por Platón y terminado
en Carl Schmitt, --- que la distinción política fundamental es
aquella entre amigo-enemigo.
El lanzamiento de la Comunidad
Suramericana de Naciones realizado a fines
del 2004 en Cuzco, Perú,
pareciera tener sólo amigos. No sólo se convocó a los diez
países suramericanos sino también a los enclaves coloniales de
Holanda, Inglaterra en los pseudo países de Surinam y Guyana. Se
olvidaron de Trinidad y Tobago, Guayana francesa y
Malvinas para hacer cartón lleno con el territorio de la América
del Sur.
Esta convocatoria realizada
desde la ingenuidad política internacional más evidente tiene, a
pesar de la buena voluntad de sus creadores, sus enemigos. Y
estos son, en primer lugar, sus mismos creadores.
Sabemos que al afirmar esto nos
ganamos una cantidad de enemigos, políticamente, cercanos a
nosotros. Entre otros, todos aquellos que están trabajando junto
al ex presidente Duhalde o junto a ese gran botarate intelectual
que es Antonio Cafiero, quien pretende, como observó agudamente
Enrique Oliva, convocar al Parlamento Latinoamericano para que
funcione en el seno de la Comunidad Suramericana con lo cual los
diez países quedarían en inferioridad numérica en caso de
votación respecto de las numerosas republiquitas norteamericanas
del Caribe y aledaños. Ni que decir del personal de nuestras
lamentables cancillerías, quienes en política suramericana
piensan sistemáticamente al revés de lo que conviene a nuestros
pueblos.
Desde las guerras de la
independencia venimos hablando los americanos
del sur de la unidad del
continente y cada vez que se planteó un proyecto de unidad, éste
fue regularmente saboteado y bastardeado por la injerencia
norteamericana e inglesa. Es esta, la primera lección que
aprende todo aquel que se pone a trabajar en los múltiples y
variados proyecto de unidad suramericana, continental,
hispanoamericana, latinoamericana, indoamericana, etc,etc. que
el mundo bolita se ha querido dar ab ovo. Ignorar ello o darlo
por superado es un error mayúsculo que solo puede pagarse con el
fracaso.
Nadie con un mínimo conocimiento
en política internacional puede pretender llevar adelante con
cierta verosimilitud un proyecto, cualquiera sea, en donde se
invita a participar in nuce, desde sus fundación, a los enemigos
históricos de dicho proyecto.
Más allá de la mayor o menor
inepcia de los gestores de proyecto de Comunidad suramericana,
el otro de sus enemigos es pretender llevarlo a cabo desde lo
políticamente correcto. Perón que sabía un poco más sobre el
tema y que en su tiempo intentó, y no pudo llevarlos a cabo,
proyectos como el ABC y el ATLAS para el cono sur de América,
decía que : para hacer una tortilla hay que romper algunos
huevos. Y lo que se intenta acá es un gran y loable proyecto,
una gran tortilla, pero sus creadores no quieren romper ningún
huevo. No quieren sacar los pies del plato respecto del proyecto
del one world de Bush padre e hijo.
No existe ninguna posibilidad
real de construir un gran espacio distinto a los existentes hoy
en el mundo a partir de lo políticamente correcto, y ello es así
porque la idea de uniformidad políticamente homogeneizada es la
que conviene a los poderes mundiales.
En que especifica a la Comunidad
suramericana de naciones una altisonante declaración de fe
democrática en los derechos humanos si los diez países no
afirman a renglón seguido y en forma taxativa su voluntad de
constituir un gran espacio económicamente autocentrado y con una
moneda única. Espacio que viene a sostener que el mundo no es un
uni-verso. Esto es, no hay una sola versión de lo que es el
mundo, sino que éste es más bien un pluri-verso y una de estas
versiones es, específicamente, la que ofrece esta Comunidad de
naciones de la América del Sur.
Y cuando decimos espacio
autocentrado no nos referimos a una economía cerrada, a un
mercado comercial cerrado como pretendía Fichte (1), sino al
rescate de aquellas ventajas comparativas que por naturaleza
tienen nuestros diferentes países, y que ello se volcó en este
tiempo de la técnica en una increible complementación
tecnológica, que otorga a este gran espacio suramericano una
real autonomía económica.
Un espacio autocentrado que se
extiende por más del doble del territorio de los Estados Unidos
o de toda Europa. Por casi 18 millones de kilómetros cuadrados y
con 50.000 km. de vías navegables en su interior con el 27% del
agua dulce del planeta y con una plataforma antártica
suramericana de 1,3 millones de km2. Con una población
monolingual luso-hispano de aproximadamente 360 millones de
habitantes.
Estos datos poderosos, estas
megacifras tomadas al azar son demasiado importantes por sí
solas para ser decodificadas política y económicamente por
hombres mediocres. Que repiten la monserga de afirmar más de lo
mismo. Que afirman ingenuamente que como el imperialismo está
distraído con Iraq, Irán y Siria, nosotros por estas latitudes
podemos hacer lo que queramos. Es necesario un estratega o en su
defecto una conducción colegiada de los más aptos.
Dice por ahí, en algún lugar, el
filósofo Heidegger que lo grande nace grande. Y este gran
proyecto necesita de un acto de grandeza de aquellos que hoy
tiene el poder (potestas) para convocar a aquellos que tiene
autoridad (auctoritas), los que por virtud o sabiduría conocen
más del tema.
No malogremos la única idea
estratégica válida de América del Sur para el siglo XXI por no
convocar a los mejores en su construcción. Nuestros países
tienen autoridades en la materia. A pluma alzada recordemos en
Uruguay a Quaglotti de Bellis, Methol Ferré; Brasil a Helio Jaguaribe, Moniz
Bandeira; Chile a Pedro
Godoy, Primo Siena; Bolivia a Soliz Rada, H.C. Mansilla; Perú a
Fuenzalida Vollman; Colombia a Corsi Otálora; Ecuador a Catón
Villacreces; Venezuela a Edgardo Lander; Paraguay a Báez Roa y
Argentina a unos cuantos más.
Este es un llamado a aquellos
que conducen la realización de esta magna idea para que rompan
el corset de los mismos (nos referimos a los pensadores
orgánicos del establishment) y convoquen a los otros. A los que
piensan diferente a como se piensa, a los que piensan distinto,
a los pensadores alternativos, a los no-conformistas.
Es que no se puede con lo mismo
hacer otra cosa diferente de lo que se ha hecho, así como no se
puede reformar una sociedad recurriendo a los mismos
instrumentos que la han llevado a su situación actual. Estas son
verdades de plomo, que se
caen de maduras por su propio
peso. Los latinos tenían una lograda expresión: eadem omnia
semper nullius reditus.( siempre lo mismo no pasa nada).
1.- Fichte, Johann: Létat commercial fermé,
Lausanne, Ed.
L'Age d'Homme, 1980
También en esta
sección:
ANAVI, Sobre la CSS
Buela, MERCOSUR y sus enemigos
Comité Panameño en Contra de Racismo, Día Internacional Contra Racismo
Dávila, El transporte en el Gran Caribe
Uribe, TELESUR
Watt, La responsabilidad empresarial y el futuro de Colón
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