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Los archivos secretos de Abascal

por Edgar González Ruiz --- Adital

Casi al mismo tiempo que el gobierno estadounidense lanza un ataque aéreo contra Pakistán, en conformidad con los proyectos militaristas del gobierno de Bush, otro de sus blancos principales, que es el régimen cubano, enfrenta una escalada propagandística desatada por un documental difundido por la televisión alemana y donde el periodista Wilfried Huismann, retomando versiones que se manejaron en las décadas de la guerra fría sugiere que el gobierno cubano planeó el asesinato del presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy.

La acusación, que ha provocado enérgicas réplicas y señalamientos de hipótesis más lógicas que apuntan hacia sectores derechistas y anticastristas, así como refutaciones puntuales, está basada en buena medida en testimonios y fuentes provenientes de los acervos históricos de la policía política mexicana, a cargo del Archivo General de la Nación. En reciente entrevista con el periódico mexicano La Jornada, Huisman relata que "…fuimos nosotros quienes por primera vez tuvimos acceso a ese expediente sobre Lee Harvey Oswald que está en la galería 1 del Archivo General de la Nación. Pero esta galería está todavía bajo control de los servicios secretos y, sin el permiso de ellos, es decir, sin el permiso del señor Capello, quien es el jefe, y por cierto, hijo de un ex guardaespaldas de Mussolini, no se da nada, pero a nosotros nos dio algo y se lo agradezco mucho…".

Independientemente de la polémica acerca del asesinato de Kennedy, llama la atención que esa peculiar colaboración y ese permiso amablemente otorgado por una instancia y un funcionario del gobierno mexicano a los periodistas que llevaron a cabo la investigación desfavorable a Cuba, tenga lugar precisamente en el marco del primer gobierno de histórica raigambre derechista en México, que ha demostrado tener el anticastrismo como una de sus prioridades en política internacional.

En contraste con las manifestaciones de agradecimiento de Huisman, muchos de los investigadores que han trabajado en el AGN, sea por cuenta propia o de dependencias oficiales, han difundido otras opiniones sobre sus experiencias en ese lugar. Por ejemplo, en julio de 2003, la organización Human Rights Watch  criticaba duramente la gestión de Capello, cuya presencia calificaba de intimidatoria. Entre otras evidencias, esa ONG ha citado el caso de una investigadora que "…recordó cómo el director de la colección de la DFS, Vicente Capello, se negó a mostrarle algunos documentos porque revelaban la identidad de los informantes del gobierno. Cuando le pidió que demostrara el fundamento legal de su negativa, se limitó a decirle que era su propia decisión…"

Otras situaciones se refieren a la dificultad que algunos investigadores debidamente autorizados han encontrado para obtener información sobre determinados personajes con importante trayectoria en la historia política de México a la vez que con participación en el gobierno actual, o sobre asuntos históricos como es por citar sólo un ejemplo la participación de ciertos políticos en la formación de grupos de choque como los Halcones, protagonistas de la masacre del 10 de junio de 1971. Esas pesquisas no han encontrado el mismo apoyo que tuvo Huisman para su reportaje de evidentes usos anticastristas. Cabe preguntarse si alguien que investigue sobre personajes centrales del terrorismo anticubano, como Luis Posada Carriles, por ejemplo, va a encontrar el mismo espíritu de colaboración, o si lo hallará un determinado periódico o un canal de televisión que decida investigar por ejemplo acerca de la historia de las familias panistas encumbradas, digamos los Calderón.

Pero el problema es para México mucho más grave y preocupante, pues resulta que el Archivo General de la Nación, al igual que muchas otras instancias, incluyendo varias de las relacionadas con la seguridad nacional, están al mando de Carlos Abascal Carranza, un personaje que pertenece a grupos públicos y secretos de la ultraderecha y que hoy tiene la posibilidad de ocultar o usar, dependiendo de criterios ideológicos y sectarios, importante información política y confidencial, pues es jefe máximo en una cadena de mando que incluye a personas de excepcional experiencia y capacidad, como es el señor Vicente Capello.

La falta de escrúpulos de Abascal para poner sus convicciones religiosas y sus propios intereses por encima de su papel institucional se ha evidenciado en hechos como su apoyo a la campaña de la jerarquía católica contra la anticoncepción de emergencia, su asistencia al acto de beatificación de los cristeros, el 20 de noviembre del año pasado, y, antes, como buen líder empresarial, con su gestión antiobrera al frente de la secretaría del Trabajo. Si bien el trabajo de Huisman fue desarrollado en los últimos años, el hecho es que bajo la gestión de Abascal al frente de la Segob, un medio de comunicación extranjero difunde información y testimonios recabados en el AGN, referentes a documentos sobre personajes específicos, como Lee Harvey Oswald,  el asesino de Kennedy, para atacar al gobierno cubano mediante una gran maniobra propagandística internacional, que es congruente con la política exterior mexicana del gobierno de Fox que ha incluido el famoso "Comes y te vas", como uno de tantos episodios de abierto activismo de Fox en pro del gobierno estadounidense.

Los datos de que dispone el acervo histórico de la DFS acerca de personajes como Carlos Abascal y varios otros miembros de esa familia que han militado en grupos extremistas con presencia en el gobierno de Fox, son importantes para comprender e incluso conocer muchos de los hechos que están ocurriendo en la política de nuestro país, donde la lógica del poder es hoy en día la de los proyectos político religiosos de la derecha. Pero resulta que, como dice el refrán, han puesto al gato de despensero, de tal suerte que Carlos Abascal, goza de la protección informativa que su poder le brinda, pese a que por el bien de nuestro país, su historia política debiera ser pública, y por tanto los hechos de su militancia en la Organización Nacional del Yunque, denunciados por el periodista y escritor Álvaro Delgado, lo mismo que los sucesos tras bambalinas de su dirigencia en el sector político empresarial, sus reuniones y acuerdos con jerarcas religiosos y sus vínculos con grupos anticastristas, etc.

Evidentemente, es muy difícil documentar la historia y proyectos de grupos secretos como es el mencionado Yunque, lo cual generalmente se hace mediante testimonios personales o a través de fuentes policíacas, que en virtud del triunfo de Fox en el 2000 y especialmente del nombramiento de Abascal como titular de la Segob, han pasado a disposición de la extrema derecha. Hemos de contar con la posibilidad de que miembros ilustres de ese sector, entre ellos el máximo dirigente panista Manuel Espino Barrientos, otro yunquista cuya historia política es de interés público, y como es el propio Carlos Abascal, usen esa información confidencial en provecho de sus propios fines y de sus organizaciones.

 

Edgar González Ruiz es autor de varios libros sobre los grupos conservadores en México y en AL


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