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La democracia americana no es un modelo estadounidense

presentación por John F. Maisto frente la APEDE

Me complace mucho visitar la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa. En Panamá, y en todo el hemisferio, entendemos que el sector empresarial es el verdadero motor para el crecimiento, la creación de empleos, y la reducción de la pobreza. Ya que un sector empresarial dinámico y alianzas públicas-privadas son tan importantes para lograr nuestros objetivos, elogio el compromiso de su organización con la transparencia, la igualdad de oportunidades y el espíritu empresarial.

En su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Presidente George W. Bush habló sobre un “mundo más esperanzador que está a nuestro alcance, un mundo más allá del terror, donde los hombres y mujeres comunes tengan la libertad de decidir su propio destino, donde las voces de la moderación se escuchen con fuerza, donde los extremistas sean marginados por la mayoría que busca la paz”. Él destacó que, “este mundo puede ser nuestro si nos lo proponemos y trabajamos conjuntamente”.

Para los pueblos de las Américas, ésta es una visión que los países de nuestra región ya se han propuesto lograr, trabajando conjuntamente con el sector empresarial y, al hacerlo, damos la esperanza y algunas lecciones muy valiosas al resto del mundo.

El 11 de septiembre de 2001, dos acontecimientos decisivos en la historia de nuestro hemisferio coincidieron de una manera que cambiaría y definiría el rumbo de nuestra región. Los ataques terroristas en los Estados Unidos, y la adopción de la Carta Democrática Interamericana estarán unidos inexorablemente a través del tiempo, pero no podrán ser más diferentes en su dimensión humana. Hace cinco años, mientras 19 terroristas trataron de enviar un mensaje de odio y destrucción en Nueva York, Washington, DC y en Pennsylvania; en Lima, Perú, 34 ministros de relaciones exteriores trabajaron para enviar un mensaje de paz y libertad.

Este mensaje, expresado en la Carta Democrática Interamericana, declara que “los pueblos de las Américas tienen el derecho a la democracia, y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”. El día en que nos atacaron como hemisferio – ciudadanos de 30 países hemisféricos fallecieron ese día --- nos comprometimos no sólo a defender nuestro territorio, nuestra seguridad, y nuestros pueblos. Nosotros, en nombre de más de 800 millones de personas, nos comprometimos a defender la democracia.

El hecho de que el 11 de septiembre vincula al terrorismo y a la democracia de manera tan dramática es importante, y el hecho de que la Carta Democrática en sí une a la democracia y el desarrollo también es de importancia vital.  Nuestros presidentes y primeros ministros, electos democráticamente, acordaron establecer la Carta Democrática Interamericana durante la Tercera Cumbre de las Américas en abril de 2001, en Quebec. Una de las cosas que el gobierno de los Estados Unidos ha tratado de hacer en la medida en que establece su política en la región, es asegurarnos que nuestra política corresponde a la estructura o el consenso que se creó a través del proceso de las Cumbres de las Américas, sobre cuatro pilares fundamentales, acordados por los 34 presidentes y primeros ministros de la región:

Un compromiso con la democracia representativa y el fortalecimiento de las instituciones democráticas;

La prosperidad y el desarrollo sostenible para todos nuestros ciudadanos, especialmente los pobres, mediante la creación de empleos, oportunidades económicas ampliadas, liberalización del comercio, mercados libres e integración económica;

Invertir en nuestros pueblos, combatir la pobreza, la desigualdad, y la exclusión social; crear redes de seguridad social para los más pobres, y proveer mejor acceso a la educación de calidad, atención de salud, y al capital;

Proveer seguridad a la gente y al estado democrático, confrontando a aquellos que representan las mayores amenazas a la seguridad dentro de nuestras ciudades y áreas rurales, al igual que en nuestras fronteras: terroristas, narcotraficantes, pandillas, y crimen organizado.

Debemos mantener nuestro enfoque en estos cuatro pilares, que se pueden resumir en dos palabras: democracia y desarrollo.

Consolidación de instituciones democráticas

El primer pilar es un compromiso con la democracia. La democracia a la que nos referimos no es un modelo estadounidense de la democracia. Ni tampoco un modelo brasileño, canadiense, venezolano, costarricense ni jamaiquino. Cada gobierno, representando a 800 millones de personas, con la excepción del dictador solitario de Cuba, firmó voluntariamente un documento en el que acepta estos elementos esenciales de la democracia representativa:

·        el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales;

·        el estado de derecho;

·        la realización de elecciones periódicas, libres y justas, basadas en el voto secreto;

·        un sistema político pluralista; y

·        la separación de poderes.

Estas son libertades humanas fundamentales, universales y no negociables.

Por medio de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Carta Democrática, trabajamos en la promoción del buen gobierno de varias maneras y ayudamos a que los gobiernos sean responsables ante sus pueblos:

La OEA se ha convertido en la principal entidad para la observación electoral en el hemisferio, con estrictos estándares en constante evolución para garantizar el acceso universal en todos los “lugares críticos” del hemisferio. Para finales de 2006, los países del Hemisferio Occidental habrán realizado 30 elecciones separadas a nivel municipal, regional y nacional. Ya hemos observado cómo las elecciones en Costa Rica, Perú, México, Colombia y Haití han fortalecido la democracia en nuestro hemisferio;

A través de nuestro apoyo a las misiones especiales de la OEA, actuando según la Carta Democrática Interamericana o en el espíritu de la Carta, para ayudar a estados miembros donde las prácticas o instituciones democráticas son desafiadas, incluyendo a Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Haití, Nicaragua, y Venezuela;

Por medio de nuestro papel como el principal proveedor financiero de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la más destacada del sistema interamericano --- por su papel de defensora de los derechos fundamentales y las libertades humanas --- y, a través de sus minuciosos informes sobre la situación de derechos humanos en los países de la región, incluyendo a Cuba, Venezuela, Haití, Guatemala y Colombia;

Y lo que yo llamo “fortalecer” a la Convención Interamericana contra la Corrupción. Al respecto, me complace destacar que Estados Unidos anunció el mes pasado asistencia a la OEA, por la cantidad de $1,042,750, para establecer un Fondo Interamericano Anticorrupción, que apoyará a los estados miembros de la OEA en el cumplimiento de sus compromisos según la Convención.

En junio pasado, en la Asamblea General en Santo Domingo, bajo el lema “Gobernabilidad y Desarrollo en la Sociedad del Conocimiento”, los gobiernos de la región subrayaron el importante papel del gobierno electrónico en el fomento de la transparencia, en facilitar, expandir y modernizar los servicios públicos esenciales, como elemento clave para el desarrollo, el buen gobierno y las instituciones sólidas.

Bajo el marco de la Carta Democrática, la OEA ha llevado a cabo una labor fundamental en nombre de las instituciones democráticas de toda la región.

Promoción de oportunidad y prosperidad económica

Esto nos lleva al segundo pilar de nuestra política. El artículo primero de la Carta Democrática Interamericana también estipula que la democracia es esencial para el desarrollo político, social y económico de las Américas. Tal como observamos el desarrollo, debemos enfocarnos particularmente en la creación de oportunidades para ese 40% de la población hemisférica que sobrevive con menos de $3 al día.

Cuando examinamos al hemisferio, vemos una región que ha hecho un compromiso explícito más amplio con las instituciones democráticas, con el libre mercado y la integración económica. Este hemisferio ya ha pasado por lo que podríamos llamar la primera generación de desafíos de transformación, al comprometerse con la democracia; y en la actualidad, el desafío de nuestra región es abordar los temas de transformación gubernamental y social de la segunda generación. Esto es realmente acerca de cómo se vinculan la democracia y el desarrollo.

Hoy, la democracia prevalece en todos los países excepto uno; el respeto a los derechos humanos es la norma, no la excepción; y el reto que tenemos por delante se centra en lo que el ex-presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias, denomina “mejores estados/más mercados”, es decir, instituciones gubernamentales eficientes y más libertad económica para llevar los beneficios de la democracia a todos. Al final, la democracia consiste en cumplir lo prometido.

Tal y como lo ha expresado el Presidente Bush: “En la medida en que las elecciones y las democracias se diseminan por todo nuestro hemisferio, vemos una revolución de expectativas. Y con cada nueva generación que crece con libertad y democracia, estas expectativas aumentan -y las demandas de responsabilidad aumentan. Las democracias cumplirán con estas demandas legítimas o les cederán el futuro a los enemigos de la libertad”.

Estamos trabajando para satisfacer con las expectativas crecientes. En América Latina y el Caribe, el gobierno del Presidente Bush ha duplicado su ayuda extranjera oficial desde que entró en funciones (de $862,452,000 en el año fiscal 2001 a $1,819,423,000 en el año fiscal 2005), y esa cifra se ha triplicado desde 1997 ($681,426,000).

Además de estos niveles, nuevos fondos estarán disponibles a través de la Cuenta del Reto del Milenio que se basa en el Consenso de Monterrey --- expresada en la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo en Monterrey, México, en marzo de 2002 --- en la que se establece que aquellos países que implementan políticas económicas acertadas, promueven el buen gobierno y fortalecen el estado de derecho, recibirán el apoyo de la comunidad internacional.

El año pasado firmamos acuerdos con Honduras por $215 millones para mejorar la infraestructura de carreteras, la diversificación agrícola y el acceso a mercados; y con Nicaragua, por $175 millones para mejorar los derechos de propiedad, la infraestructura y la competitividad de las empresas rurales. Estamos negociando un acuerdo con El Salvador y destinando $35 millones para ayudar a Paraguay a luchar contra la corrupción y mejorar su clima de negocios.

Consideramos que el comercio libre y justo es el medio principal para crear empleos y luchar contra la pobreza en la región. En este momento, alrededor del 85 al 90 por ciento de todos los bienes provenientes de Latinoamérica y el Caribe entran libres de impuestos a los Estados Unidos, ya sea a través del Sistema Generalizado de Preferencias (GSP), la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, la Ley de Preferencia Comercial y Erradicación de Drogas en los Andes, o a través de los tratados de libre comercio.  Nuestros tratados de libre comercio cubren, en la actualidad, alrededor de dos tercios del producto interno bruto (PIB) del hemisferio.

El Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y los Estados Unidos (CAFTA-DR) es de gran ayuda para las exportaciones hacia los Estados Unidos y atrae inversión hacia la región. Costa Rica es el único país del Tratado que queda por ratificar y aplicar el acuerdo; la República Dominicana está trabajando con el gobierno de los Estados Unidos para agilizar la ejecución. Hasta la fecha, los otros países, como El Salvador, Honduras, Nicaragua y Guatemala, han experimentado ganancias económicas positivas en el período después de la entrada en vigencia del tratado. Ellos están aprovechando el aumento del acceso al mercado estadounidense, especialmente para el azúcar, los textiles y ropa, productos alimenticios, café/té, tabaco, bebidas y alcoholes, y químicos. Nicaragua es líder en la región en el aumento del comercio con los Estados Unidos por un 24% si se compara con el mismo período del año pasado, Guatemala con un 8%, Honduras con un 5%, y El Salvador con un 4%. Desde que se implementó el CAFTA-DR, 13 compañías han decidido invertir en Nicaragua. Se espera que esto resulte en $240 m en capital y 13,350 empleos nuevos para el país. Y otras 11 compañías están en camino para la inversión en Nicaragua. Estos son sólo pequeños ejemplos de oportunidades económicas concretas que el CAFTA-DR puede brindar a las democracias de la región.

También reconocemos que reducir la carga de la deuda de los países más pobres y endeudados se puede traducir en beneficios inmediatos para las personas. Estados Unidos ha tomado el liderazgo para apoyar tales iniciativas, incluyendo un plan para cancelar $5 mil millones en deuda al BID. Los Países Pobres Altamente Endeudados ($9 mil millones), el G-8 ($4.6 mil millones), y las iniciativas propuestas sobre la deuda al BID, en conjunto, dan un total de $19 mil millones. Al trasladarlo a los países más pobres del hemisferio, los pueblos de Bolivia, Guyana, Haití, Honduras, y Nicaragua se beneficiarían con aproximadamente $620 por persona. En países donde aproximadamente se gasta anualmente en salud $50 per cápita, piensen en lo que un beneficio de $620 podría significar especialmente para las personas pobres, en términos de vacunación, educación, vivienda y capacitación.

La mejor manera de escapar de la pobreza es la creación de empleos. Y el enlace entre la pequeña empresa y la creación de empleos está bien establecido. El noventa por ciento de los empleos creados en el hemisferio es producido por la pequeña empresa. Todavía es de preocupación la reducción del tiempo y el costo para comenzar un negocio, aunque se ha avanzado notablemente. De los 21 países que estaban incluidos originalmente en las encuestas del Banco Mundial, el tiempo promedio ha disminuido de 74 días en el 2003 a 60 días en el 2006. En Panamá, sólo se necesitan 19 días para iniciar un negocio y cuesta un 24% del ingreso per cápita, mucho mejor que el promedio de la región. Algunos países individuales han logrado éxitos, pero no hay países de América Latina ni del Caribe que formen parte de los mejores 25 en cuanto a la facilidad para hacer negocios en general.

Las remesas son otro éxito de la Cumbre: se espera que un total de $60 mil millones fluya hacia la región en 2006, con más del 75% proveniente de los Estados Unidos. Nuestros esfuerzos con México, trabajando con bancos en ambos países, redujeron los costos de las remesas hasta por la mitad. Necesitamos expandir los programas para canalizar las remesas en inversiones en comunidades locales pobres.

Sabemos que aún hay mucho por hacer, especialmente en estos momentos en que esta región está enfrentando la creciente competencia de Asia y de otros lugares. Todos los países están compitiendo por el capital en un mercado global, por ello necesitan mejorar su nivel. Panamá se está moviendo en la dirección correcta. En el último Informe de Competitividad Global, Panamá mejoró su clasificación mundial de la posición número 65 a la 57 de 125 países. El Presidente Bush entiende la importancia de mejorar la competitividad. Por eso, le ha pedido al Secretario de Comercio, Carlos Gutierrez, que convoque el primer Foro de Competitividad del Hemisferio Occidental. El foro se celebrará en la próxima primavera en los Estados Unidos, y explorará las maneras en que esta región puede competir mejor en el mercado global.

Inversión en el bienestar de las personas

Como tercer pilar acordado en el proceso de la Cumbres de las Américas, estamos también comprometidos con “la inversión en el bienestar de las personas de todas las esferas sociales”. Esto incluye el acceso a la capacitación de empleos, educación y atención de salud de calidad para nuestros ciudadanos.

Sólo el año pasado, los programas de capacitación con financiación estadounidense dentro de los Estados Unidos y en el exterior proporcionaron las destrezas laborales necesarias a más de 268,000 individuos en el mundo en desarrollo.

Esto incluye, además, la capacitación a maestros para proveer educación de calidad a nuestros niños. En nuestro hemisferio, una de las primeras iniciativas internacionales del Presidente Bush fue el lanzamiento de los Centros para la Excelencia en la Capacitación de Maestros en el Hemisferio Occidental, en la Tercera Cumbre de las Américas en 2001. Estos centros regionales --- uno en Jamaica, uno en Honduras y uno en Perú --- han mejorado y actualizado las habilidades de más de 12,500 maestros de escuelas públicas, quienes educan a más de 400,000 estudiantes en todo el hemisferio.

Panamá está clasificada en la posición número 27 de 125 países en el último Índice de Competitividad Global en cuanto a la salud y la educación primaria. Panamá ha aumentado firmemente sus tasas de matrícula y de culminación de educación primaria en toda la década. Panamá también ha trabajado en lograr igualdad de géneros en la educación, de manera que las niñas ahora abarcan el mismo porcentaje que los niños de los estudiantes en el sistema escolar de Panamá.

Así como la prosperidad económica y la justicia social no se pueden lograr sin la educación, el gobierno del Presidente Bush entiende la importancia de una población saludable en el cumplimiento de estas metas. Mediante nuestros programas de VIH/SIDA, tanto bilateralmente como a través de fondos globales, colocamos aproximadamente $500 millones en la región. Al trabajar junto con nuestros socios en el hemisferio, hemos sobrepasado los objetivos regionales, proporcionando terapia antirretroviral a más de 640,000 personas que la necesitan en las Américas.

En Panamá, según datos de la Organización Panamericana de la Salud, casi el 100% de los niños menores de 1 año han sido vacunados contra la polio, el sarampión y la tuberculosis. La tasa de mortalidad ha disminuido firmemente en los últimos diez años.

El gobierno del Presidente Bush también aumentó los fondos para el Cuerpo de Paz en aproximadamente 40% y envió alrededor de mil voluntarios nuevos del Cuerpo de Paz a la región, y a países como México, donde históricamente nunca han tenido a estos voluntarios.

Protección al estado democrático

El cuarto pilar del proceso de la Cumbre es de importancia fundamental para proteger las libertades, las oportunidades y el bienestar de los pueblos de este hemisferio, particularmente en la medida en que reflexionamos sobre el vínculo de la Carta Democrática y los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

En el proceso de las Cumbres de las Américas, estamos trabajando para proteger al estado democrático, de manera multilateral, para abordar las amenazas presentadas por las disputas fronterizas, el terrorismo, los narcóticos y las pandillas.

En 2002-2003, los estados miembros de la OEA emprendieron una revisión integral de la arquitectura de la seguridad hemisférica, que culminó en la Conferencia Especial sobre la Seguridad, la cual se llevó a cabo en México en octubre de 2003. La Declaración sobre Seguridad en las Américas proporciona una guía práctica para resolver tensiones limítrofes entre estados, disminuir la presión de gastar en armas, promover las normas democráticas, y fomentar un clima de confianza, transparencia y cooperación en nuestro hemisferio. 

Además, la OEA ha actuado activamente en la diplomacia preventiva. La OEA, con el apoyo técnico del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH), ha proporcionado cartógrafos, facilitadores, conciliadores, ha ofrecido sus buenos oficios, y ha negociado acuerdos para resolver conflictos entre Belice y Guatemala, Honduras y Nicaragua, Costa Rica y Nicaragua, y El Salvador y Honduras.

Se aborda la guerra contra el crimen transnacional --- incluyendo el terrorismo y la seguridad nacional --- de manera multilateral a través del Comité Interamericano contra el Terrorismo (CICTE). Entre otras actividades, este comité formula propuestas para redactar legislación antiterrorista adecuada; desarrolla actividades de capacitación y gestión de crisis; y aumenta la cooperación fronteriza y medidas de seguridad en los documentos de viaje;

Avanzamos nuestros esfuerzos continuos para combatir el tráfico y el abuso de drogas en las Américas a través de la Comisión Interamericana para el Control de Abuso de Drogas (CICAD) --- la principal vía para la cooperación antinarcótica --- y su Mecanismo de Evaluación Multilateral (MEM), donde expertos de diferentes países se evalúan entre sí a través de presentaciones individuales por país, que documentan los esfuerzos en la lucha contra el abuso y el tráfico de drogas. Quisiera destacar la excelente cooperación que Panamá ha proporcionado en la lucha contra el narcotráfico.

Se ayuda a los países a tratar eficazmente los crecientes índices de delitos nacionales en momentos de alta inseguridad ciudadana;

El desafío que enfrentamos con la relación a la seguridad en este hemisferio fue expresado elocuentemente por el Primer Ministro de Trinidad y Tobago, Patrick Manning, la semana pasada ante la OEA: “Hay una gran cantidad de pruebas que respaldan la opinión de que el narcotráfico, el tráfico de armas pequeñas y municiones, y ahora, cada vez más, la financiación del terrorismo, están conectados... Por lo tanto... el desafío es hemisférico, el cual necesita ser abordado en base a la cooperación por parte de todos los países del hemisferio juntos para atacar los innumerables problemas”.

El desafío de nuestro tiempo

El consenso que hemos producido sobre estos cuatro pilares en las cuatro Cumbres de las Américas y la Cumbre Especial en Nuevo León nos da las hojas de ruta de donde podemos navegar para encarar los desafíos que enfrenta nuestra parte del mundo.

En un discurso pronunciado en Miami el mes pasado, el Presidente Oscar Arias habló sobre esta región “en la encrucijada”, y recalcó la opción de consolidar los logros que la región ha obtenido o “sucumbir ante el canto de sirenas del caudillismo y el populismo, de los que nuestros pueblos no han recogido más que una cosecha de amarguras”. Él habló sobre la opción entre “un camino que lleva a la prosperidad, libertad y justicia, o una ruta que nos condenará a ser, una vez más, el continente de la oportunidad perdida, la tierra de los sueños desaforados donde la modernidad, como el reino de El Dorado, estará siempre un paso más allá”. Asimismo, hizo un llamado a la necesidad de nutrir “la flor democrática que ha germinado en la región”.

Éste es verdaderamente el desafío de nuestros tiempos. De avanzar con ímpetu y firmeza como una comunidad de naciones para cumplir con la promesa de la Carta Democrática Interamericana para todos nuestros pueblos, y acercarnos más a la visión al que se refirió el Presidente Bush --- un mundo más esperanzador que está a nuestro alcance.

 

 

John F. Maisto está el representante de los Estados Unidos ante la OEA

 

 

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