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Con mi voto no... por Ricardo Stevens Con ese capotear de torero tramposo, que quiere la gloria y el dinero de la lidia, sin enfrentar al toro, el gobierno ha rehuido a la brava, sin elegancia ninguna, la discusión muy pertinente, a propósito de la ampliación del Canal, que es el uso de los cuantiosos recursos que resultan del negocio tal como está y los que se producirán, según sus propias estimaciones, cuando las nuevas obras se realicen. Nuestro buen presidente nos quiere convencer que el inaplazable desarrollo del país y el manejo de los medios para lograrlo, debemos dejarlos a la confianza; que debemos tener fe en que su gobierno hará lo correcto; y sabiendo, como él sabe, que "las malas prácticas de gobiernos anteriores provocan la suspicacia de que los gobiernos se roban la plata", él quiere que creamos como evangelio que él ha sido y es diferente, bien diferente. Se quiere que así creamos, me imagino, para que él y los suyos puedan tener las manos libres, sin compromisos más que con al palabra que nos dan, de que se hará lo correcto. Y me saltan de una vez sus promesas de más seguridad y de más empleos, de hace dos años. De verdad que me cuesta creer, como quieren que crea; y sé que no estoy solo en este pensamiento. Este criterio lo he comunicado a otros, porque este es el tema del momento; y, de respuesta, unánimemente se me ha confirmado el convencimiento de que “se van a roba’ la plata”, y la pregunta: qué podemos hacer. En una de esas se me ocurrió la imagen de una viejecita frágil, escurrida y doblegada por los años de trabajo, que acaba de cobrar su pensión de la seguridad social, que ruega distraída por el milagro de que le alcancen la vida y la plata hasta la próxima quincena; y es enfrentada de sopetón por dos malandros, más malos que la maldad misma, que le van a robar porque pueden, y porque son una enormidad más grandes y fuertes. Y entonces demandé: En este escenario, ¿le dirían sí al robo de la viejita? Seguramente no fue Dios, debió ser el Diablo quien crió a tantos, de tantos partidos distintos, todos del régimen cleptocrático, que se han juntado para decirnos en propaganda pagada y a coro que votemos por el robo -esto no lo dicen así-, pero piensan en el reparto, en su desarrollo, que es otra forma de decir lo que se calla en pantalla de televisión. Nos dicen, sí, que es para un mejor futuro, otra vez; nos dicen, sí, que es para un mejor país, otra vez. Ya se sabe que en Panamá sí coexisten dos países que no se rozan: uno, sí, de pocos panameños muy ricos, y el otro de panameños y panameñas muy pero muy pobres; en fin, un país rico, lleno de pobres, dijo el cura. Contra el que se van a roba’ la plata, no hay apuestas. Lo de Van Dam, lo de la CSS, lo de las visas, lo la compra de deuda, lo del Cemis, lo de Panama Ports y todas las demás raterías van a quedar chiquititas, como escuelitas de aprendizaje y perfeccionamiento frente a lo que van a hacer con el Canal, y se repetirá la gula carnicera. Pero de una cosa estoy seguro: Con mi voto no.
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