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El Gran Caribe Esta Semana La incertidumbre de nuestro tiempo por Watson Denis Vivimos tiempos inciertos; nada está ganado de antemano. Una de las cosas que caracterizan la incertidumbre actual son las elecciones, la base de la democracia liberal. En efecto, desde el comienzo del nuevo milenio, los resultados electorales en nuestro hemisferio occidental demuestran que vivimos en la incertidumbre cotidiana. Para sorpresa de más de uno, esa incertidumbre electoral provino de los Estados Unidos de Norteamérica (USA), país hasta entonces conocido por la organización de elecciones indiscutibles. Después de la jornada electoral de noviembre del año 2000, ninguno de los dos candidatos en pugna, como era costumbre, obtuvo el favor de las urnas. La prensa aludió a irregularidades que sucedieron en el estado de Florida en el curso del proceso electoral. El mundo entero estaba a la expectativa. La incertidumbre se mantuvo durante más de dos meses, y el asunto llegó a los tribunales. Finalmente, la Corte Suprema de los Estados Unidos fue la encargada de decidir en favor de uno de los candidatos. decisión. Las elecciones presidenciales de 2004 no tuvieron el mismo grado de incertidumbre que las del año 2000. Sin embargo, al final de la jornada electoral ordinaria, la duda persistía en el estado de Ohio. En definitiva, el vencedor de esas elecciones fue designado a raíz de un conteo extremadamente minucioso. Hasta hoy, al momento que escribimos este artículo, los resultados de las elecciones legislativas en dos estados de USA quedan inciertos Las últimas elecciones presidenciales y legislativas en USA no son el único caso que demuestra la situación de incertidumbre en la que vivimos. Recientemente, los resultados electorales en Costa Rica, México y Brasil, ilustran también ese ambiente de incertidumbre. Tomemos el caso de Costa Rica . Un ex presidente de la República, Premio Nobel por añadidura, se lanza de nuevo a la carrera presidencial. Se pensó, entonces, que su victoria estaba asegurada de antemano. Los sondeos de opinión lo mostraban con un 20% de diferencia por encima de su opositor. Como ya se sabe, sólo ganó por un margen cercano al 1%. Consideremos un último ejemplo. En Brasil se pensaba que el Presidente Lula da Silva iba a ganar las elecciones en la primera vuelta. Una vez más, ése no fue el caso. Los electores le hicieron pasar por una segunda vuelta que, esta vez sí, ganó ampliamente. Es decir que la incertidumbre hace parte de nuestro cotidiano. Las elecciones consideradas en este artículo no son más que un síntoma de los tiempos inciertos en los que vivimos. Otros asuntos de la vida cotidiana podrían ilustrar igual de bien ese estado de cosas. Durante mucho tiempo la noción de incertidumbre fue ignorada. Ahora ocupa un lugar más relevante en nuestro hacer y en nuestra visión del mundo. El dramaturgo irlandés Samuel S. Beckett, maestro del Teatro del Absurdo junto a Eugène Ionesco, fue quizás el primero, en 1949, en hacernos reflexionar sobre la incertidumbre con su magistral obra Esperando a Godot. Los personajes del teatro de Beckett son, por lo general, seres atormentados por la incertidumbre. Por ejemplo, Godot es el personaje esperado, mítico, que anuncia una visita que todos esperan... largamente y que, al final, no sucede. Y la pieza termina con ese gusto amargo de lo desconocido, es decir, de lo incierto. Pero, al mismo tiempo, se nos hace ver que la incertidumbre es una realidad como cualquier otra. Esta idea de la incertidumbre como realidad tangible ha recorrido un buen trecho. En algunos círculos universitarios de hoy se ha constituido en uno de los pilares del Postmodernismo, esa corriente de pensamiento que quiere hacerle contrapeso al Modernismo. Considerando que la Modernidad, detrás de la idea de progreso continuo y de civilización -construida de manera soberana y dominante en el tiempo y el espacio-, ha armado la estructura del mundo actual sobre la noción cartesiana de la Razón, los Postmodernistas le han opuesto la incertidumbre como una nueva racionalidad, hasta entonces desechada como banal y como una noción propia de las comunidades o los pueblos llamados sin historia. De allí que todo lo considerado como incuestionable ha sido puesto en duda. Es la muerte de la metafísica (moderna), definida como la búsqueda de la objetividad y de la verdad. No hay realidad per se, sólo hay representación de ella. El Postmodernismo ha dado nacimiento a una nueva y muy fuerte historiografía, más integradora y humanista, construida sobre representaciones. Grupos de mujeres, comunidades negras, inmigrantes, latinos, incluso países considerados subalternos, han comenzado a recuperar su memoria y una nueva identidad histórica hasta convertirse en protagonistas de la Historia. ¿Eso significa que la humanidad ha pasado a otra edad de la Historia? Del Modernismo dominador y universalista a un Postmodernismo representativo de todos y todas. Hasta aquí el Postmodernismo no ha reemplazado a la Modernidad. Las dos corrientes evolucionan una al lado de la otra. Y seguirán así por largo tiempo todavía. Mientras la incertidumbre sea una marca de nuestro tiempo, tanto en las elecciones como en la vida cotidiana, necesitará siempre de una corriente que la desconozca y de otra que la acepte.
El Dr Watson Denis es Consejero Político de la Secretaría de la Asociación de Estados del Caribe. Los puntos de vista expresados no son necesariamente los puntos de vista oficiales de la AEC. Comentarios y reacciones pueden ser enviados a mail@acs-aec.org
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