noticias

Opiniones | Noticias | Inglés | Archivos

 

También en esta sección:

Casa Blanca notificación sobre el TLC RP-EEUU

Manifestación en contra de la captura de delfines
Estudio psicológico sobre los efectos de la tortura
Once años más para limpiar los rangos de tiro en Vieques
52 milliones padecen hambre en América Latina
Iglesias movilizando por la paz

 

Tortura ¿nunca más?

por Rogério Tuma --- Adital

Algunos países parecen haber adoptado la irónica definición de Millôr Fernandes para democracia ("es cuando yo mando sobre usted") y dictadura ("es cuando usted manda sobre mí") para ignorar la dignidad humana de prisioneros de guerra.

Un importante artículo fue publicado en los Archives of General Psychiatry de este mes, para probar que el efecto del tratamiento dado a los prisioneros de Guantánamo en nada difiere de las prácticas más sórdidas y violentas de tortura, y da la base científica para que autoridades internacionales las prohíban rígida y eficazmente.

El estudio, desarrollado por el Dr. Metin Basoglu y colaboradores del King’s College de la Universidad de Londres, evalúa el impacto de la tortura no física en los sobrevivientes de las guerras más recientes. Fueron entrevistados 279 personas torturadas en Sarajevo, Bosnia-Herzegovina, en Banja Luka y Belgrado, Servia, y en Rijeka, Croacia, sobre las agresiones no físicas sufridas - humillaciones, manipulaciones psicológicas, exposición a condiciones ambientales adversas y estrés forzado. Esas situaciones fueron comparadas con las torturas físicas en relación con el impacto en la generación de estrés post-traumático y en la pérdida de control psíquico de los torturados. Fue demostrado que el efecto en nada difiere del provocado por las torturas físicas.

La tortura es definida como la provocación de intenso dolor o sufrimiento físico o mental sobre alguien, con propósitos particulares. Sin embargo, los militares estadounidenses de Guantánamo eligieron una definición más corta y sacaron el efecto psicológico de sus informes, permitiendo que fuesen adoptados en los interrogatorios, máscaras, vendas, cuerdas, privación de sueño, hambre, sed, desnudez forzada, exposición al frío y a la oscuridad y otras manipulaciones psicológicas, para romper la resistencia del prisionero. La definición de tortura psíquica debería incluir la duración prolongada e intensa de las acciones, además de la comprobación de los profundos cambios en el estado psicológico de los prisioneros. El artículo muestra que, a pesar de los límites bien definidos, las prácticas de interrogación de los estadounidenses son simple tortura.

De los voluntarios entrevistados, fueron excluidos 49, cuja fuente mayor de estrés fue la guerra en sí y no las prácticas de tortura, de los 230 restantes, el 76% tuvo síndrome de estrés post-traumático (SEPT) -otro 56% todavía sufría de SEPT durante la entrevista. La depresión ocurrió en el 17,4% de los entrevistados, mientras que el 17% padecía de depresión grave más de dos años después de la prisión. De los que sufrieron más estrés, el 30% desarrolló depresión.

Más del 80% de los entrevistados relató haber recibido por lo menos 30 tipos de tortura estresante durante su detención. El estrés desencadenado por situaciones de humillación y amenaza, como ver prisioneros torturados, ser amarrado por los genitales y aislado, fue semejante al estrés causado por la tortura física y mayor que el provocado por acciones de privación como sed, hambre, oscuridad y falta de asistencia, a pesar de que estos últimos han recibido también alta nota en las escalas de estrés.

De las torturas físicas, la más común fue el apaleamiento, que ocurrió con más del 80% de los entrevistados. A pesar de ser difícil separar los efectos de la tortura no física en esos individuos, los autores los separaron en tres grupos de acuerdo con la asociación de las dos modalidades de tortura. Sin embargo, se dieron cuenta que la intensidad de la tortura física poco interfería para desencadenar el SEPT o la depresión. Además, vieron que los efectos psíquicos de la tortura no física aislada pueden causar catástrofes psíquicas de la misma gravedad que las asociadas con la tortura física.

Los autores concluyen que técnicas agresivas de interrogación o detención, que incluyen privación de las necesidades básicas, aislamiento, mantener posturas forzadas, tratamiento humillante y otras prácticas de manipulación psicológica, cumplen íntegramente con los criterios de tortura y deben ser abolidas en los países que respetan los derechos humanos. No hay diferencia alguna entre tortura y tratamiento cruel o degradante, como quieren algunos.

Existe un fundamental agravante en todo esto, pues una de las pocas acciones que mejoran el estrés y la depresión del torturado es la demostración de odio y sublevación contra el torturador. En este caso, la víctima puede ser también el ciudadano del país que tortura.

Este artículo es fundamental para demostrar a las autoridades internacionales que ellas pueden y deben interferir en las prácticas de interrogación no sólo de Estados Unidos, sino de todos los países que no respetan la dignidad humana. La revista también demostró valentía al ofrecer a todos el artículo completo en forma gratuita. Para ello accese http://archpsyc.ama-assn.org.

 

También en esta sección:

Casa Blanca notificación sobre el TLC RP-EEUU

Manifestación en contra de la captura de delfines
Estudio psicológico sobre los efectos de la tortura
Once años más para limpiar los rangos de tiro en Vieques
52 milliones padecen hambre en América Latina
Iglesias movilizando por la paz

 

Opiniones | Noticias | Inglés | Archivos

News | Business | Editorial | Opinion | Letters | Arts | Review | Community | Fun | Travel
Unclassified Ads | Calendar | Outdoors | Dining | Science | Sports | Español | Front Page
Archives
|
Wappin' Radio Show
| Just Music