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Entrevista
con Noam Chomsky Frei Betto, Derecho al silencio Méndez, Un proceso judicial amañado y espurio Len Ríos, El calentamiento de los polos y el Canal
El Gran Caribe Esta Semana El
calentamiento de la tierra, hoy en día El calentamiento actual de la tierra nos muestra, como si fuera necesario, que el mundo siempre fue una gran aldea. Estamos todos interconectados de un extremo a otro de la tierra. Además, este fenómeno nos interpela a cada uno de nosotros, invitándonos a actuar para lograr estabilizar la atmósfera, al menos en 1° C, durante los próximos años. Hoy en día, los fenómenos climáticos golpean con gran fuerza. Por ejemplo, el verano de 2003, fue el más caliente en los últimos 500 años. Esa ola de calor o canícula, ocasionó la muerte de miles de personas en Europa. En diciembre de 2004 hubo un tsunami en el sudeste de Asia, que ocasionó la muerte a 273.435 personas y provocó daños materiales bastante considerables, en infraestructuras viales y turísticas. También se puede citar el huracán Katrina, en Luisiana y el golfo del Mississipi, en Estados Unidos de América, que con la intensidad de los vientos y mareas barrió las represas y los pilares de defensa de la ciudad de la Luisiana. Una vez más, se contaron con esta catástrofe 1836 muertos y miles de millones de dólares en daños materiales. En la región del Caribe, en julio de 2004, una lluvia torrencial, seguida de deslizamientos de terreno, ocasionó la muerte de unas 2000 personas en la ciudad de Gonaïves (Haití). El fenómeno fue tan sorprendente, que la gente lo asimiló a un diluvio, refiriéndose al diluvio mencionado en la Biblia en tiempos del profeta Noé. Se puede entender, en la actualidad, que aquel diluvio fue una de las manifestaciones del descongelamiento de la tierra en aquellos tiempos. Movimientos de terreno, incendios forestales, inundaciones devastadoras, poderosos huracanas, violentas tormentas, sismos destructores, alzas de mareas, prolongadas sequías, invasiones de insectos dañinos… se han convertido en fenómenos bastante corrientes. Cada vez estamos más desarmados ante semejantes fenómenos, que se vuelven más y más violentos y devastadores. Se puede decir que los desastres naturales no perdonan a nadie. Se trate de Estados ricos o de países pobres, de centros hegemónicos o regiones dominadas, los fenómenos naturales, de distinta naturaleza, golpean sin discernir. Día a día, se presenta ante nosotros un hecho nuevo o una evidencia adicional, que nos señala que los tiempos han cambiado en el planeta Tierra. Estamos en pleno cambio climático y sus manifestaciones son palpables, visibles y a veces asesinas. La atmósfera terrestre está notablemente alterada. Durante el siglo XX la temperatura ambiente aumentó en 0,74 centígrados. El nivel del mar también aumentó 17 cm. La fauna y la flora se han visto afectadas: 20 a 30% de las plantas y los animales están en peligro de extinción. Especialmente inquietante es el deshielo a un ritmo acelerado de las masas glaciares de los polos, que aumenta el calor en la atmósfera. Esto modificó también el curso de las precipitaciones. En las zonas templadas, las nieves fuera de estación y las precipitaciones inesperadas se han vuelto moneda corriente, produciendo a veces inundaciones. Al mismo tiempo, en las zonas tropicales las lluvias declinan, dando paso a la sequía y la hambruna. En estas últimas regiones, el acceso al agua se ha transformado en una cuestión de supervivencia cotidiana, de seguridad pública, y en muchas situaciones este tema es abordado con fuertes implicaciones políticas, considerando que la agricultura se ve comprometida y que está en juego la seguridad alimentaria de millones de personas. En cuanto a los Estados Insulares del Caribe, su situación es tan delicada como la del resto del mundo. La subida del nivel del mar sigue siendo una gran preocupación. El calentamiento de la tierra, fenómeno que ocasiona una serie de intemperies, huracanes y ciclones, contra los que generalmente no pueden hacer gran cosa solos, aumenta su vulnerabilidad física y, por ende, su sostenibilidad económica y financiera. Desde los años 1970, los ciclones se han vuelto más frecuentes en la región. Encuentran allí un lecho clemente para expandirse y siempre dejan tras de sí, muertos y daños materiales bastante dolorosos. El calentamiento es un fenómeno de aumento de la temperatura media de los océanos y la atmósfera, que afecta a escala planetaria y por varios años. Ese fenómeno es consecuencia del efecto combinado de la expansión oceánica y la acción incontrolada de los hombres sobre su medio ambiente. La tierra se calienta por la expulsión de los gases que encierra. Si en los primeros tiempos de la tierra, el calentamiento fue necesario para la eclosión de la vida (hace 500 millones de años), hoy en día el calentamiento está de más. Estos últimos diez años han sido los más calientes de los dos últimos milenios. Ese calentamiento se debe al fuerte aumento en la atmósfera de la concentración de varios gases con efecto invernadero, entre los cuales está el dióxido de carbono, el clorofluocarbono, el metano y el dióxido de nitrógeno. En términos generales, el calentamiento de la tierra se explica por dos tipos de problemas: 1) El hueco en la capa de ozono de las atmósfera, que hace que los rayos que llegan al piso no estén adecuadamente filtrados. 2) El exceso de propagación de gas carbónico (CO2). En dosis normales, el CO2 es vital, pero cuando es demasiado, calienta la Tierra y además le suma contaminación. Cuando observamos que el tenor en CO2 aumentó desde 1900 hasta nuestros días, podemos imaginar la curva exponencial que adquiere el calentamiento de la tierra. El calentamiento de la tierra produce el deshielo de los glaciares en los polos, subida de las aguas, humedad absoluta, sequías, precipitaciones, una capa de nieve sin control, mayor cantidad de tornados, inundaciones frecuentes, desaparición de especies en la flora y la fauna, aumento continuo de la temperatura y hasta la desaparición total de ciertas superficies en algunos países. Mañana se hablará de los refugiados por el clima, si el aumento de temperaturas calculado para el siglo XXI, de 1,8º a 3,4º, llega a materializarse. Hoy, es hora de tomar acciones, considerando la amplitud de los daños ya registrados y las calamidades por venir. Felizmente, se comienza a tomar conciencia de la situación y a actuar en consecuencia. Así es como el 24 de septiembre pasado, el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas convocó a los líderes políticos del mundo entero, los Jefes de Estado y de Gobierno, a reunirse en Nueva York, en un encuentro de alto nivel, para debatir el tema. El discurso del Sr. Ban Ki-moon, en esa circunstancia, fue un grito de alarma. Basándose en los resultados de las investigaciones científicas y las constataciones que todos hacemos sobre los fenómenos ecológicos más cambiantes, invitó a los políticos a asumir su responsabilidad histórica, y los invitó a tomar medidas de orden público, en su esfera de acción y de influencia, y proponer soluciones para remediar la situación. Asimismo, el Premio Nobel de la Paz otorgado conjuntamente, el 12 de octubre pasado, al Sr. Al Gore y al Grupo de Expertos Intergubernamentales sobre la Evolución del Clima (GIEC) -Secretaría conformada por expertos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)- constituye otra decisión del Comité de los Premios Nobel de Oslo, que incita a reflexionar y actuar. Relacionar los problemas ecológicos actuales, con la paz en el mundo, es algo bastante innovador. Más aún, el otorgamiento de este premio a Gore y al GIEC es una clara indicación de que el calentamiento de la Tierra es un problema serio y universal, que puede comprometer hoy o mañana la paz en el mundo. Si bien reconocemos que el calentamiento de la tierra no es un fenómeno nuevo, ya que existió a lo largo del tiempo -en efecto, los expertos en el clima concuerdan en el hecho de que la tierra pasó por varios ciclos de calentamiento y enfriamiento planetario, en el transcurso de los 400.000 últimos años-, resulta imperativo que actuemos con rapidez, para por lo menos atenuar las consecuencias y daños potenciales. Si no se hace nada, el calentamiento de la tierra será aún una realidad dramática en las próximas décadas. En nuestra aldea global, este es un tema de acción, opción y responsabilidad. Si todos, gobiernos e instituciones responsables, se comprometieran a resolver el problema, seguramente alcanzaríamos resultados más satisfactorios. En ese sentido, se puede abogar por lograr la Adaptación (la estabilización de la concentración de los gases con efecto invernadero, que provocan gran parte del problema) para el año 2015 y la Mitigación (en función de acciones positivas para la seguridad energética, la protección del ambiente y el desarrollo sustentable). Este es un proyecto ambiental, político, económico y de seguridad, que nos concierne a cada uno de nosotros a algún nivel, y que trazará el camino en un sentido menos comprometedor para las nuevas generaciones. En este mismo orden de ideas, convocamos a todos los partidarios de la causa y participantes de la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático, que tendrá lugar en Bali, Indonesia, en diciembre próximo, a encaminarnos hacia un acuerdo marco multilateral satisfactorio, que pudiese contribuir a hacer la vida en la tierra más clemente.
El Dr. Watson Denis es el Asesor Político de la Secretaría de la Asociación de Estados del Caribe. Las opiniones que aquí se expresan no son necesaria mente los puntos de vista oficiales de la AEC. Los comentarios pueden ser enviados a mail@acs-aec.org
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