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volumen 14, número 10
18 mayo - 7 junio, 2008


opiniones

También en esta sección:
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Manifiesto de apoyo a Carlos Alberto Montaner
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Marín, ¿Autonomías o fracturas?
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¿Autonomías o fracturas?
por Maggie Marín --- Adital

A nivel planetario muchas personalidades de prestigio, expertos, pensadores, y los organismos internacionales de diverso tipo, están seriamente preocupados por dos asuntos que cada día adquieren tintes más dramáticos: el hambre global que viene generando el imparable aumento de los precios de los alimentos, y las implicaciones que para las economías y el desarrollo futuro -sobre todo del Tercer Mundo-tendrá el igualmente desmedido incremento de las facturas petroleras.

Ambos fenómenos, vale recordarlo, tuvieron su génesis en acciones y políticas provenientes de Estados Unidos: por un lado las guerras en el Medio Oriente, por otro, el plan de convertir alimentos en combustible.

Pero en la agenda gringa está impreso además un proyecto muy específico que de resultar exitoso, tendría una saga tenebrosa en lo que a Latinoamérica respecta: el separatismo.

Lo peor que puede pasarle a un país es ser fragmentado, partido, roto, porque perder la unidad conduce a la debilidad y la desaparición. El método fue descubierto y practicado por la Roma imperial: dividía los territorios conquistados en raquíticas provincias impedidas de resistirse, y colocaba a la cabeza de sus gobiernos a sujetos leales y afines. Fue su fórmula más exitosa para lograr aquiescencia y subordinación.

Tales contingencias deben evitarse, como demuestra la propia historia de Estados Unidos, que ante ese peligro cuando aún no cumplía una centuria de su emancipación de Gran Bretaña, no dudó en enfrentar un conflicto fratricida, la Guerra de Secesión, especie de remate tras cuatro décadas de profundas y raigales diferencias políticas y sociales, pero fundamentalmente económicas, entre los estados del norte y el sur.

Enfrascados en exprimir los dividendos de la Revolución Industrial, los norteños advirtieron que el trabajo asalariado era más lucrativo y sumaba otras ventajas, como la del despido. En tanto el Sur de los grandes plantíos, las colosales granjas y el estilo de vida a lo Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó, aunque sumaba ingentes gastos por la compra, control y sustento de los esclavos, disfrutaba de mercados seguros para sus productos agrícolas.

Mientras, para el Norte, con industrias precisadas de los mercados del sur y el oeste, la abolición de la esclavitud y la unidad eran esenciales. Así, cuando el antiesclavista Abraham Lincoln tomó posesión en marzo de 1861, siete estados sureños instauraron una Confederación y proclamaron su secesión de la Unión, acción considerada ilegal de inmediato por el recién estrenado presidente en su discurso inaugural.

Las operaciones bélicas comenzaron un mes después y concluyeron en 1865, con el saldo de 600 mil muertos, 8 mil millones de dólares en pérdidas y el asesinato de Lincoln, un magnicidio que se repetiría en 1963 con JFK. Tras la llamada reconstrucción -que incluyó masacrar a los pueblos originarios para arrebatarles sus tierras--, se desató la expansión, con la compra de Alaska a Rusia en 1867, la secesión panameña de Colombia en 1903 para construir el canal interoceánico, el protectorado ejercido sobre los estados de Centroamérica y las Antillas, la ocupación de las islas Hawai en 1893, etc., etc., etc.

Contrainsurgencia

La historia latinoamericana exhiben más de 200 intervenciones directas de Estados Unidos en sus países con tropas, pertrechos y equipamiento de todo tipo, con el objetivo de derrocar a gobernantes progresistas o impedir la llegada al poder de líderes, grupos o movimientos proclives a mayores cuotas de autodeterminación y soberanía y, por supuesto, para asegurarse el control sobre numerosos territorios y recursos que lo han catapultado al lugar que hoy ocupa: primera potencia planetaria y punta de lanza del capitalismo mundial.

La otra cara del intervencionismo fue y es la utilización de las burguesías y oligarquías nativas, artimaña a la que hoy en día suman las artes de la manipulación mediática (propagando mentiras, calumnias y noticias tendenciosas). Por consiguiente, desde hace más de 140 años todo proyecto basado en la emancipación y el desarrollo autónomo ha sido frustrado, mediatizado o aplastado, a excepción de la Revolución Cuba, y más recientemente, la de la Venezuela bolivariana.

Los planes subversivos y procedimientos, lógico, han sufrido ajustes impuestos por épocas y circunstancias, pero siempre que de sus intereses se trata, USA apela a sus fórmulas de comprobada eficacia que, por cierto, incluyen magnicidios encubiertos, como los de Jaime Roldós y el propio Omar Torrijos, según aseguran investigadores de probada integridad.

Luego las actuales embestidas del esquema contrainsurgente gringo contra los gobiernos empeñados en delinear una Latinoamérica más independiente y justa --las de la violencia y la secesión con rostro de independentismo-- tienen firmes antecedentes y son parte de una urdimbre que algunos llaman "golpes suaves" y otros "guerras de cuarta generación". Por cierto una conjura que, como se ha denunciado, es apoyada además por sectores ultraderechistas de España y otros países europeos, bajo la batuta del inefable José María Aznar.

La muestra más palpable y actual de lo antes dicho es el ilegal e inconstitucional referendo que tuvo lugar en el Departamento boliviano de Santa Cruz el 4 de mayo (liderado por la poderosa derecha fascista anclada en la región oriental del país andino), primero de una serie de operaciones similares basadas en movimientos secesionistas que tienen lugar también en Zulia, Venezuela; y Guayaquil, en Ecuador.

Luego a la rica y casi blanca Santa Cruz le correspondió el toque a degüello en el intento no solo de "sacar del juego" al presidente y líder aymará Evo Morales, sino en otro más general: "marcar límites" a los gobiernos cuyas políticas se apartan de los centros de poder hegemónico mientras se acercan a "ejes del mal" como Cuba y Venezuela, y favorecen estrategias de desarrollo e integración regional como el ALBA, PETROAMÉRICA o el Banco del Sur, entre muchas otras.

Militares y flotas

Bush no quiere despedirse sin propinar coscorrones y mazazos en un traspatio que tiende a convertirse en un avispero de "izquierdistas", sobre todo cuando está perdiendo la guerra en Iraq y los fantasmas de la crisis y la recesión económica sobrevuelan el Imperio. Vale recordar que las guerras son un tremendo negocio para el Complejo Militar Industrial y para el propio emperador, su vicepresidente y otros pandilleros asentados en la Casa Blanca y sus alrededores.

Tampoco conviene olvidar la intensificación del Plan Colombia, la negativa de Ecuador y de su Asamblea Constituyente a renovar el plazo de la Base de Manta, el triunfo en Paraguay del obispo Fernando Lugo y por supuesto, la brutal violación territorial y el bombardeo a un campamento de la insurgente FARC en la frontera colombo ecuatoriana. Acción tras la cual la OEA, su perrillo faldero en estas latitudes, no le ha seguido el juego como el país del norte hubiera deseado.

A lo anterior súmese la presencia de militares estadounidenses y el incremento de los ejercicios militares conjuntos en varios países, muy especialmente en aquellos dotados de riquezas estratégicas como el petróleo, el gas, el agua y la biodiversidad, y en los que sufren algún tipo de conflicto que pudiera ser oportuna y oportunistamente usado.

Tal como indican reconocidos expertos, Estados Unidos lleva a cabo una serie de jugadas casi simultáneas -habitualmente evadidas por los falsimedios-, como su permanente campaña centrada en el presidente bolivariano Hugo Chávez como figura del mal y el cambio en la orientación normativa de los códigos penales para criminalizar las acciones de resistencia civil de los movimientos sociales y de defensa de los territorios, especialmente por comunidades y grupos indígenas.

Otras también referidas por investigadores locales son el intento de extender el Plan Colombia hacia Paraguay y México argumentando que en esos países hay campos de reclutamiento y entrenamiento de las FARC; y campañas de cooptación por parte de la Embajada de USA en Bolivia para desacreditar y debilitar la Asamblea Constituyente.

La más grosera y evidente de estas jugadas no es otra que el despliegue de la Cuarta Flota de la Marina para articular, institucionalizar e intensificar los patrullajes alrededor del continente.

¿Autonomías?

Recientemente una noticia recorrió el mundo en instantes: Por voluntad del imperio, Kosovo es un nuevo país. Y no hay dudas, si tal "autonomía" ocurriese en las tres citadas y famosas regiones latinoamericanas, Bush concluiría feliz su inquilinato en la Casa Blanca.

¿Qué tienen en común las agendas separatistas? En primer lugar que las son impulsadas por las burguesías y las oligarquías locales en defensa de sus intereses económicos, políticos e ideológicos y de sus alianzas externas; en segundo que estas fuerzas son abiertamente apoyadas por las esferas de poder estadounidenses; en tercero, que persiguen la eliminación de los gobiernos populares; y por último, los tres son, por ventura, territorios muy ricos y prósperos.

Veámoslos por partes. Santa Cruz, en Bolivia, posee grandes reservas de petróleo y gas, uno de los yacimientos de hierro más importantes del orbe, y dispone de una industria forestal avanzada así como de abundantes recursos agrícolas y ganaderos. Las acciones manipuladoras y violentas desplegadas por su prefecto, Rubén Costas, y por el llamado Comité Cívico (integrado por la vanguardia de la elite blanca y rica) no han permitido que la Asamblea Constituyente termine sus labores, lo que ha frenado la concreción de muchas medidas sociales y de redistribución de las riquezas proyectadas por el gobierno.

Si Santa Cruz lograse su fraguada "autonomía" arrastraría a otros departamentos de la llamada Media Luna con similares intereses y propensiones (Pando, Beni y Tarija), cuyos prefectos exhiben igualmente las armas propias de los escuderos del Imperio, y que de hecho pretendían en breve sus referendos, recientemente desautorizados por el Ejecutivo boliviano.

Vea usted mismo el dato y saque conclusiones: el embajador de EEUU en el país del altiplano, Phillip Goldberg, se desempeñó entre 1994-96 como asistente del representante diplomático de su país en Servia, Richard Holbroke, uno de los artífices de la destitución del presidente Milosevic y de la división de Yugoeslavia. Luego Goldberg jugó un importante rol en la división de Servia y Montenegro, así como en la cuestión kosovar. Con su secuela de conflictos violentos.

En el país andino ha sido denunciado hasta por el mismo presidente Evo Morales, por liderar las euforias autonomistas, e incluso por reclutar espías entre estudiantes gringos y a promover la violencia mediante la formación de batallones contrarrevolucionarios.

En Venezuela el colimador apunta a Zulia, cuyos conspiradores alzan como lema y consigna no otra que la de llegar a convertirla en el Hong Kong latinoamericano. Allí la anécdota de la actuación diplomática estadounidense toma tintes igualmente peligrosos: el pasado 2007 y durante una visita a Maracaibo, el embajador gringo, William Brownfield, expresó a sus acólitos locales: "Hace 25 años que viví en la República Independiente y Occidental de Zulia….".

Esa región es vital en términos de producción petrolera y también gran productora agrícola y ganadera. Los anales de su independentismo, históricamente vinculados a los deseos e intereses estadounidenses, arrancan en 1916 (casualmente tras el boom petrolero) hasta el punto de haber llegado a desestabilizar a más de un gobierno desde entonces. Su oligarquía se ha valido de la organización Rumbo Propio, y del apoyo directo del gobernador de la región (el antichavista Manuel Rosales) y del embajador de EEUU en Venezuela, William Brownfield, para llevar adelante sus planes separatistas y antibolivarianos.

La última de esta tríada terrible es Guayaquil, la capital económica de Ecuador. Allí se encuentra el principal puerto del país y es la que mayor porcentaje aporta al PIB, al tiempo que produce el 73 por ciento de las exportaciones y el 83 por ciento de las importaciones. Fortuitamente su alcalde, Jaime Nebot, es la figura que la derecha ecuatoriana procura encumbrar para obstaculizar las transformaciones que lleva adelante el Gobierno de Rafael Correa. Asimismo, sectores socialcristianos apuestan decididamente a minar el proceso de cambios, enarbolando la bandera del autonomismo en nombre de la denominada República del Guayas.

En el mes de enero de este año, la Junta Cívica de Guayaquil firmó un convenio de cooperación con el Comité Cívico de Santa Cruz, lo que muestra descarnadamente la simbiosis entre estos movimientos oligárquicos y sus lazos con Washington. También en el Foro Internacional sobre la Libertad y Autonomía Regional (FILAR), celebrado en Guayaquil en 2006 (y que planea otra cita a finales de 2008) se reunieron representantes del Zulia, Santa Cruz y Guayaquil, ocasión en que se autodefinieron como favorables a la "desestatización de la sociedad, el libre mercado, y al liberalismo clásico".

Ninguno de estos territorios tienen las características propias que les imprima una nacionalidad diferente a la del país en el que están integrados: ni pueblos originarios, ni cultura, ni lengua propia, entre otras cuestiones que podrían marcar las diferencias. En ninguno el reclamo tiene carácter histórico, ni reconocimiento internacional alguno.

Aunque eso sí, se caracterizan por su importancia estratégica, por sus riquezas, y por formar parte de naciones cuyos gobiernos no temen expresarse y actuar como lo que son: progresistas, de izquierda, y empeñados en cambiar los destinos de sus pueblos.

Aunque mucho ha salido a la luz en las últimas semanas sobre el tema, queremos que estas páginas sean una gota de agua más en el maremagnun de quienes estamos convencidos de que en América Latina no debe nacer otro Kosovo.


La autora es periodista de la revista cubana Bohemia



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