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Vol.
15, No. 4 |
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en esta sección:
La
situación
nacional
por El Partido Alternativa Popular El curso que va tomando la campaña electoral de 2009 se hace cada vez más claro. Tanto las encuestas, como la opinión pública, muestran una tendencia bastante consistente al triunfo de la nómina presidencial encabezada por el empresario Ricardo Martinelli y la derrota de la nómina oficialista presidida por Balbina Herrera. La tendencia a la victoria de la oposición burguesa es tan fuerte que incluso está cuestionado el tradicional control del Partido Revolucionario Democrático sobre la Asamblea Nacional. La profunda crisis que atraviesa al PRD se explica principalmente por la contradicción creciente, en estos 20 años post invasión, entre la “doctrina torrijista” (nacionalismo y políticas sociales keynesianas) con la realidad de un partido controlado por una cúpula cada vez más oligárquica, neoliberal y sumisa a los intereses norteamericanos. Con dos gobiernos (Balladares y Martín) que han empobrecido a los sectores populares de la ciudad y el campo (otrora base social del PRD) y que han construido un modelo de país que ha fortalecido a banqueros y comerciantes (como Martinelli), los cuales ahora pueden gobernar sin la mediación “socialdemócrata” del PRD. La debacle de la candidatura de Balbina Herrera evidencia la lucha interna por el control del PRD y constituye la crisis final de los sectores históricos de la llamada “Tendencia” que aún demagógicamente pretenden sostener (de boca y no de hecho) la ideología del “torrijismo” populista. De esa crisis saldrá un PRD debilitado orgánicamente, convertido en un partido oligárquico más y sin espacio para veleidades ideológicas. El Panameñismo, cuya crisis es mayor y se evidenciaba en las bajas intenciones de voto (que no superaban el 20%), sumado a las luchas internas, y el desprestigio del gobierno de Mireya Moscoso, postergó o enmascaró momentáneamente su crisis histórica con la alianza de J.C. Varela y Martinelli. Una previsible victoria electoral de esta alianza ha hecho callar, por ahora, los disensos internos en espera de la repartición del botín gubernamental. El vuelco de las tendencias a favor de Martinelli se explica por dos razones contrapuestas. En primer lugar, por ser una definición del sector más significativo de la clase dominante panameña, expresada a través de los medios de comunicación de masas que controlan. Este vuelco de la burguesía panameña, materializado en la alianza Martinelli-Varela, ha sido propiciado por la embajada norteamericana (no es casual que fuese en la casa de la embajadora donde se fraguó el acuerdo). Su objetivo es dar a la alianza del “loco” Martinelli una base política más estable que permita la gobernabilidad del país con posterioridad a las elecciones, apoyándose en un vicepresidente y un partido tradicional más coherentes. Por otro lado, hay que reconocer que la candidatura de Martinelli percibió y explotó a su favor una tendencia a la ruptura del electorado con los partidos tradicionales (PRD-Panameñismo), prevista desde fines de 2005 por las fuerzas políticas que conformamos el Partido Alternativa Popular. Desde 2006, como Fuerza Política Alternativa, quienes conformamos el PAP, señalamos que la masividad de las movilizaciones en defensa de la Caja de Seguro Social (2005) mostraban que el pueblo panameño había llegado a un punto de ruptura con los partidos que habían gobernado alternativamente bajo el régimen fundado por la invasión norteamericana de 1989. El pueblo panameño anhelaba un “cambio”, una propuesta política distinta, y ese fue uno de los fundamentos para iniciar nuestro esfuerzo por construir Alternativa Popular. El hecho de que ese espacio político haya sido ocupado por la propuesta derechista de Martinelli, quien parece haber convencido a una mayoría del electorado de que él es “el cambio”, en ausencia de una fuerza política progresista y de izquierdas, es responsabilidad en mayor o menor medida de las fuerzas populares que no supimos o no pudimos dimensionar las grandes posibilidades que se abrían. Pese al problema real de que el país carece en estas elecciones de una candidatura realmente alternativa cambio social y político, los militantes del PAP debemos permanecer firmes en nuestro empeño de concientizar al pueblo panameño para que rechace la demagogia electorera de las propuestas burguesas que, pese a los millones gastados en publicidad, no significan cambio alguno. La candidatura popular del Prof. Juan Jované, que hemos impulsado en alianza con otras fuerzas políticas y personalidades, pese a las limitaciones económicas, al filtro de los medios de comunicación y a la decisión antidemocrática e inconstitucional del Tribunal Electoral de impedirnos participar, ha demostrado el potencial que sigue existiendo para construir un proyecto político alterno y progresista. De ahí la importancia de arreciar nuestra campaña hasta el día de las elecciones exhortando al voto de protesta por “Jované Presidente” porque de la vanguardia que asuma esta tarea saldrán las fuerzas para luchar por la legalización de un partido político alternativo y popular que sí pueda postular sus propios candidatos en un futuro cercano. Sin que ello signifique entrar en contradicciones con otras organizaciones populares que llaman al voto en blanco o la abstención, con las que aspiramos a mantener el diálogo en busca de la unidad. El momento político requiere un examen autocrítico de las organizaciones populares y de izquierda panameñas, porque la necesidad histórica es mucho mayor ahora que el futuro se ve amenazado por un gobierno neoliberal de derechas, que coloca al país a contrapelo de lo que sucede en el resto de América Latina. Asumir ese balance autocrítico es indispensable para sacar las conclusiones correctas para el nuevo período que se viene con posterioridad al 3 de mayo. Porque sigue siendo una tarea política de primer orden, y un deber moral revolucionario: construir un partido político electoral popular, antiimperialista, antineoliberal y democrático. En ese sentido, debemos ratificar el compromiso de continuar la inscripción de nuestro partido y, aún en la peor de la hipótesis, que sería ser ilegalizados, continuar la unidad programática y política expresada en el PAP, como base para seguir intentando construir una verdadera alternativa de cambio de cara a los comicios de 2014, o antes, si se produce una nada improbable Asamblea Nacional Constituyente. Con toda seguridad el gobierno que salga del 3 de mayo seguirá creando las condiciones objetivas para que cuaje una alternativa política popular, pues no va a resolver los grandes problemas sociales que aquejan a nuestro pueblo: pobreza, desempleo, corrupción, etc. Y, con toda seguridad, un estilo de gobierno de derecha producirá nuevos conflictos sociales que reanimen las luchas de donde surgirá la vanguardia que encarne la construcción de este proyecto político. En base a los razonamientos anteriores, el Directorio Político del Partido Alternativa Popular (PAP), Resuelve:
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