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Vol. 15, No. 8
24 abril, 2009

opiniones

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El lamentable espectáculo
de Trinidad y Tobago
por Noel Colón Martínez --- ADITAL / Periódico Claridad

A la lucha por la independencia de Puerto Rico, y ahora me refiero al conjunto de los esfuerzos que se realizan desde Puerto Rico por todas las organizaciones, dirigidos al logro de la liberación nacional, se le ha hecho difícil, históricamente, obtener el apoyo del conjunto de naciones latinoamericanas para la acción concertada que impulse ese objetivo tan lógico y natural. El Libertador, con muy buenas intenciones, fue bloqueado en la segunda década del siglo 19, desde adentro y desde afuera, para impedir que se liberara a Puerto Rico. Unas repúblicas que recién obtenían su independencia carecían de la fuerza política y militar para impedir que se cumplieran los designios expansionistas de Estados Unidos.

Luego se produjo la guerra del 98 y entonces se convirtió Estados Unidos en el árbitro final de todas las decisiones hemisféricas y se desarrolló un panamericanismo hecho a la medida de las intenciones coloniales y neocoloniales de ese país. Puerto Rico fue sembrado entonces en el anonimato total y su situación colonial fue ignorada por todo el continente. Voces heroicas se levantaban y eran ahogadas inmediatamente. Con la organización de Naciones Unidas no nos ha ido mucho mejor salvo por las resoluciones del Comité de Descolonización que ha cumplido su función de aprobar resoluciones que la Asamblea General ha desconocido por más de 35 años. Todavía queda como una mancha la farsa que constituyó el proceso de aprobación de la Resolución 748 (VIII) dándole legitimidad al Estado Libre Asociado como fórmula de asociación política..

En 1948 se celebró en Bogotá la Novena Conferencia Hemisférica que dejó estructurada la Organización de Estados Americanos dirigida a amarrar un apoyo hemisférico a las políticas de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Una explosión popular conocida como "El Bogotazo" dio señales del rechazo popular a las políticas imperialistas de Estados Unidos. Entonces se organizó la próxima Conferencia para celebrarse en Caracas el 1 de marzo de 1954. Ese mismo día y por esa misma razón un comando armado del Partido Nacionalista de Puerto Rico realizó una ataque contra el Congreso de Estados Unidos para llamar la atención del mundo sobre el carácter colonial de las relaciones que aún perduraban en nuestro país. Venezuela, en vez de alzar su voz en apoyo a Puerto Rico, procedió a detener al Doctor Clemente Pereda y a Juan Noriega Maldonado, residentes permanentes de aquel país y defensores de nuestra independencia nacional y a ahogar cualquier manifestación de protesta. De igual manera actúa ahora Trinidad Tobago al deportar a nuestro Tito Kayak y en menor grado a intimidar a toda la delegación que habría de asistir a la Cumbre de los Pueblos.

A pesar de aquel gigantesco esfuerzo del nacionalismo en 1954, que Don Pedro caracterizó expresando "donde ha llegado la repulsa puertorriqueña a su intensidad más trágica", en Venezuela Estados Unidos logró lo que se proponía y solo se levantó allí una sola voz en defensa del derecho de Puerto Rico, la del Canciller guatemalteco Torriello. Esa intervención solidaria de Guatemala provocó que tres meses después la CIA derrocara al Presidente Jacobo Arbenz, que era la voz que entonces defendía los verdaderos intereses de la región. Resulta innecesario señalar que la OEA ha sido cómplice del proyecto norteamericano para mantener a Puerto Rico como zona aislada, ignorada, carente de derechos colectivos y sujeto solamente al derecho doméstico de Estados Unidos.

Todo lo anterior nos obliga a desembocar en Trinidad Tobago y su ya histórica Quinta Cumbre de las Américas. El trato que nos ofreció el anfitrión con la deportación de Tito no puede hablar más elocuentemente de la indiferencia de esa isla por nuestra lucha por la descolonización. Excepto por la expresión firme, auténtica y valiente de Daniel Ortega y se reclamó de que esa no podía considerarse una Cumbre de las Américas porque allí no estaban Cuba y Puerto Rico, el silencio de todas las otras delegaciones me hicieron pensar que no ha cambiado mucho el mundo de la solidaridad. Pienso que esa era una oportunidad brillante para que el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela reclamara la consigna de su mentor y su agenda inconclusa de integración de la familia latinoamericana.

Hablemos claro: Los luchadores por la independencia de Puerto Rico somos muy solidarios con las causas más justas que se desarrollan en el mundo y sobre todo defendemos esta revolución democrática en la que están enfrascados los hermanos latinoamericanos y los caribeños de la misma manera y con la misma pasión que hemos defendido la Revolución Cubana contra tanto detractor peligroso y poderoso. La defensa de la Revolución Cubana ha costado tantas vidas jóvenes en Puerto Rico como la propia defensa de nuestra independencia nacional. Hacemos las defensas en público y en privado y asumimos las consecuencias. Por eso resulta tan lamentable que el Presidente de Nicaragua haya constituido una voz solitaria aunque llena de legitimidad y representatividad al hacer el sencillo reclamo de que se tomara nota que la omisión de Cuba y Puerto Rico anulaba la pretensión de que el cónclave pudiera llamarse Cumbre de las Américas.

Hablemos claro: A los independentistas puertorriqueños nos sorprende que los dirigentes de países que en los encuentros ministeriales o de jefes de Estado de la Organización de Países no Alineados suscriben apoyos al derecho de Puerto Rico a su libre determinación e independencia se inhiban de algún tipo de mención en una Cumbre donde está el Presidente de la nación responsable del colonialismo en Puerto Rico. Esos dirigentes están dispuestos a hacer lo mismo en el Comité de Descolonización pero entonces, muchos de ellos, se niegan a que el caso se eleve a la consideración de la Asamblea General. Esa duplicidad no se corresponde con los principios de la solidaridad internacional.

Resulta inaceptable que en estos conclaves se establezcan prioridades que hagan inefectiva la defensa de principios cardinales que se dicen defender. Lo demás puede resultar en un ejercicio de negociación de cosas negociables y de intereses puramente nacionales. Por lo que puedan estar pensando algunos sobre los niveles actuales de nuestra lucha deseo aclarar que, a mi juicio, la defensa del derecho de los puertorriqueños a su libre determinación e independencia no tiene absolutamente nada que ver con el hecho de que Luis Fortuño, un anexionista, ganara las últimas elecciones en Puerto Rico. Combatir la esclavitud y la servidumbre no es un problema de aritmética sino de principios. La realidad es que este es un país intervenido al que jamás se le ha permitido el ejercicio de su libre determinación y eso lo acepta todo el mundo en Puerto Rico y además es lo que condena el derecho internacional vigente.

En la medida en que los cónclaves internacionales ignoren esta realidad estarán coadyuvando al debilitamiento de un régimen de relaciones internacionales justo y civilizado. Creo que lo ocurrido en Trinidad Tobago ha sido una lamentable repetición de la manera que América Latina trata el caso de Puerto Rico, aunque siempre se levante una solitaria voz admonitoria sobre la responsabilidad de defender los principios. Es bueno que no se haya aprobado con el voto de muchos amigos nuestros un documento retórico que nada viene a componer. Es lamentable que muchos amigos nuestros no hayan aprovechado esta coyuntura para afirmar valores de vida democrática que ellos tanto aprecian en sus países y a los cuales nosotros aspiramos en Puerto Rico.


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