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Vol. 15, No. 10
1 junio, 2009

opiniones

También en esta sección:
Orden de Frailes Menores en Panamá, La explotación minera
Red Antiminera Panameña, Ante la brutal represión a las comunidades en Petaquilla
Endara Hill, Brutalidad policial, ecosistemas, comunidades y métodos de lucha
Betto, Profesores de ética
Abad, Su cultura y la nuestra
Amnistía Internacional, El estado de los derechos humanos en el mundo
Andrade, Continúa el caos capitalista mundial
Ecologistas en Acción, Medidas no milagrosas para detener la pérdida de biodiversidad
Goodman, Las opiniones de Yoo son noticia en Filadelfia
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Tamara, Uribe despeja el camino para un tercer mandato
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Partido Alternativa Popular, Gobierno de Ricardo Martinelli ¿cambio de que?
Camino Alternativo, Tropelías de la partidocracia
Gandásegui, Martinelli nombra un gabinete empresarial


México --- Memoria helicoidal
Su cultura y la nuestra
por Fernando Buen Abad Domínguez --- Barómetro Internacional

El capitalismo es el capitalismo aunque contraten poetas para embellecerlo
Adolfo Sánchez Vázquez

Que la memoria no nos traicione y no nos la traicionen

El mercado libre es el sistema mejor -tal vez el único- para asegurar el desarrollo económico de las sociedades y el bienestar de las mayorías. Así como las libertades políticas, en regímenes democráticos, implican el respeto a los derechos de las minorías y de los individuos, el libre juego de las fuerzas económicas –liberado de la voluntad arbitraria del Estado tanto como de los monopolios privados- de be estar regido por la ley y por la sociedad misma, es decir, por los productores, los intermediarios y los consumidores. El mercado no puede ser un simple y ciego mecanismo sino que es el resultado de un acuerdo colectivo...” (Palabras de Octavio Paz pronunciadas en “El siglo XX”)

La experiencia de la libertad

La cultura es objetivación contradictoria, comprensiva, compleja y diversa del espíritu de un pueblo, no de una secta.

A estas horas reina y se actualiza, con toda impunidad, el modelo neoliberal para las “políticas culturales” gubernamentales. El resultado es desastroso. Bajo el manto del poder eternizado que Carlos Salinas de Gortari ejerce sobre sus clones, herederos y sucesores, se ejecuta, desde hace décadas, el “plan maestro” de la burguesía para profundizar la alienación, la explotación y el saqueo. Su anhelo ideológico consiste en garantizar que los explotados piensen, sientan y se expresen como los explotadores para que defiendan los intereses que los aniquilan. Octavio Paz echó su pontificia bendición a este esperpento.

Uno tras otro, los “gobernantes” que han continuado las tareas neoliberales producen barrabasadas “administrativas” que, bajo el pretexto de la “cultura”, manipulan presupuestos, programas e instalaciones en beneficio de elites, cenáculos y sectas genuflexas. Se aplauden entre sí, se premian con nombramientos oficiales y se becan con el dinero que no les pertenece. Persiguen, calumnian y reprimen todo asomo de crítica no complaciente y se atrincheran en sus prebendas para tachar de “resentidos” a todos los que no les aplauden su payasada “intelectual”, culterana y burocrática. Su definición de “cultura” es un marasmo burgués de sofismas demagógicos disfrazados de “leyes”, reglamentos y decretos, en el que la realidad misma de los obreros, los campesinos y los indígenas sólo tiene utilidad decorativa. Sólo sirven para usarlos como navaja salivosa cuando hace falta desgarrar vestiduras populistas con discursos doloridos, lágrimas de cocodrilo o limosnas “intelectuales”.

En su idea burguesa de “cultura” prima la lógica decorativa de las artes; el culto a la vanidad de los “sabihondos” mansitos; la asignación de recursos a las empresas constructoras, propiedad de arquitectos o ingenieros “amiguitos” o compadres; la engorda degenerada de las nóminas administrativas incluso con la modernidad ilícita de los “out sourcing”. Prima la mediocridad de los directores o los jefes, su idoneidad inexistente, su curriculum de complicidades y, por encima de todo, su capacidad como comerciantes de esos que “reparten bonito” y sin dejar huella. Llevamos décadas de este circo desvergonzado.

Su idea burguesa de administración de la “cultura” es un trepadero de mapaches donde se entrena una caterva de petulantes arribistas arrimadores de “proyectos” –geniales dicen ellos- para sacar algo en la pachanga del presupuesto neoliberal, así sea una dádiva disfrazada de cualquier cosa. ¿Es esto una exageración, una calumnia, un modo más de manchar la reputación de los funcionarios?. La historia tiene una muy buena –y cruda- respuesta al fracaso de este modelo de exclusión y desviación de fondos en manos de una red nacional de sectas “ilustradas” adictas al dinero público que no les pertenece. Veamos.

Aunque corra saliva a raudales y nos inunden con palabrería de administradores, con cifras, con informes, con catálogos y con power point... la inmensa mayoría de los artistas, creadores, intelectuales, artesanos, investigadores, docentes... que realmente producen la riqueza cultural del país, vive en condiciones de indiferencia y abandono extremas. No tiene sueldos dignos ni pagos regulares; no tiene seguridad médica; no tiene vacaciones; no tiene jubilación; no tiene apoyos para capacitación ni para materiales; no tiene soporte logístico para insertarse en los mercados nacionales ni internacionales y no tiene representación democrática en ningún nivel de la administración gubernamental para la cultura. Algunos cínicos, con cargos, con oficina y sueldos, dicen que esos temas no le competen al gobierno. Dicen que no les competen las condiciones objetivas e injustas en que viven los trabajadores de la cultura. Algunos inventan paliativos y luego los cobran como favores. Es hora de despedir y someter a juicio político –y de otros- a semejantes “funcionarios”. Mientras, la inmensa mayoría de los trabajadores se rasca con sus uñas, a como se puede, para sobrevivir frente a un gobierno espurio, sordo, ciego e indiferente a la realidad. Claro, es un modelo neoliberal que organiza “eventos” de superficie para medrar a fondo.

Crisis neoliberal de la educación ¿Importa esto a la cultura?

Aunque nos muestren sus cifras – no pocas veces espurias- y sus “logros”, dice la Encuesta Nacional de Lectura 2006 (ENL), efectuada por iniciativa del Consejo Nacional para la cultura y las Artes (CNCA), que en México se leen en promedio 2.9 libros al año[3]. Cifras maquilladas al margen esto es un fracaso brutal del neoliberalismo. “Por diferentes circunstancias, aproximadamente 1'464,000 niños, entre 6 y 14 años, no asisten a la escuela”. ¿Es este un problema cultural o no? Los burócratas neoliberales se repartirán las culpas “sectorizadamente” mientras el país carga el lastre generalizadamente. “El secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Agustín Carstens, dio a conocer este lunes el programa de apoyo para empresas y negocios afectados por el virus de la influenza humana por un monto de casi 14 mil millones de pesos... aproximadamente 32 millones de mexicanos —más de la mitad de las personas mayores de 15 años— tiene escolaridad inferior a la secundaria completa; de ellos, 5.9 millones son analfabetos, 44 millones en esa misma condición de edad no concluyeron la educación media superior y alrededor de un millón de niños entre seis y 14 años no asisten a la primaria”

Crisis neoliberal de la alimentación ¿Es un problema cultural?

Si la cultura es todo lo que los seres humanos hacemos, incluso mucho de lo que dejamos de hacer, ¿la desnutrición es un problema cultural o no? “En las escuelas públicas se venden bebidas y alimentos que deberían haberse prohibido dentro de los recintos, al mismo tiempo que los presupuestos para atender todas estas enfermedades por conducto del sistema de salud pública –como en todo el mundo– se achican.” Marco Rascón.

La crisis alimentaria beneficia a las multinacionales monopólicas de producción, transformación y distribución de los alimentos. El problema no es la falta de alimentos sino la imposibilidad de comprarlos. Tenemos una crisis en materia de alimentación, crisis facturada por el capitalismo y que se expresa directamente en el precio de los alimentos como los cereales básicos que ha aumentado descontroladamente en los meses recientes. No es una crisis coyuntural, es el capitalismo desaforado... es la Organización Mundial del Comercio y los Tratados de Libre Comercio, el pago de “deudas externas”... ¡eternas!, las privatizaciones, las dictaduras financieras del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Paradójicamente la producción de cereales se ha triplicado mientras se generaliza el uso de combustibles de origen vegetal. Los alimentos quedaron secuestrados como una mercancía de mercenarios. Tierras, semillas, fertilizantes, agua… mano de obra, infraestructuras de riego... son botín de multinacionales desorbitadas que saquean y devastan el trabajo asalariado para garantizarse ganancias de obscenidad millonaria. Capitalismo se llama.

La cultura chatarra de los mass media

Este régimen neoliberal espurio que padecemos hoy, clon de los anteriores, vive colgado con alfileres militares y mediáticos. En general el esmero, detalle, pulcritud y palabrería con que se elaboran los planes y plataformas para la cultura neoliberal, con sus lenguas y sus lenguajes… con los gobiernos al servicio de los monopolios mass media… sirven como púlpitos para todo tipo de clientelismo que extorsiona a los pueblos con todo tipo de jugarretas emocionales y fraudes intelectuales. Golpes bajos. No les faltan especialistas, títulos ni argumentos de clase, son impecables en la logística de las prebendas y canonjías. Son suficientemente escolásticos y eclécticos, y, sobre todo, son eficientemente demagógicos. Rinden informes detallados, hacen pasar por riqueza una red miserable de auto-proclamaciones llenas de aplausos para un rey tuerto que gusta de tragar ojos de súbditos. Algunos ganan premios internacionales. Los tenemos por todas partes.

A la comunicación, que es una de las más importantes conquistas de la humanidad, también ha ocurrido el saqueo, la malversación, el robo y la censura para beneficio de unos cuantos y la explotación de la mayoría. Muchos de los mejores logros de la comunicación viven secuestrados bajo el imperio de comerciantes (TELEVISA, TV AZTECA y todos sus hijitos y cómplices) que hacen pasar por "logro moral" su habilidad impune para beneficiarse con lo que es propiedad humana colectiva: la producción del pensar y el saber… la comunicación, la cultura y el trabajo. Maquinarias, medicamentos, tecnología, medios de comunicación, pinturas, esculturas, lenguajes… un arsenal de conquistas humanas al servicio de un sector o clase que con violencia administrada (cultura bélica) saquea y destruye las fuerzas productivas a diestra y siniestra. No hay libertad social sin producción libre de la información, la comunicación y la cultura. Es necesario un movimiento de trabajadores por la cultura y contra la alienación, la mentira, el bloqueo mediático, el terrorismo administrativo, la deformación de las conciencias, el mercadeo obsceno de las farándulas culturosas, la vorágine de los buitres sobre los cerebros de los niños, la prostitución emocional y física de las mujeres, el desparpajo de los machismos discriminadores y racistas, la barbarie rentable de los milagreros mediáticos, curas, candidatos, ejecutivos de empresas…

El problema es mayúsculo. Los consorcios mediáticos son un monstruo trasnacional pero no son invencibles. Todas las relaciones sociales son, además de muchas otras cosas, intercambios febriles de información y comunicación. De punta a punta, en los extremos e intersticios de la lucha histórica entre clases, desiguales y combinadas, la información y la comunicación han sido consustanciales de la vida social. Con sus medios y mediaciones, virtudes, deformaciones y atrasos. Nuestro problema central frente a los mass media burgueses es, (además de su realidad odiosa como monopolios), su tableteo alienante y sus galimatías tecnológicos, nuestro problema insistamos es expropiarlos y convertirlos en herramientas para la libertad y el desarrollo de las mejores fuerzas creadoras conscientes de sí. ¿Tenemos derecho? Discutamos democráticamente.

¿Qué hacer?

Es preciso derrotar a la alienación neoliberal y producir los lenguajes nuevos con una revolución cultural capaz de aniquilar todo sometimiento de la conciencia, del estómago, del trabajo. Es imposible, e inútil, revitalizar el mundo en que vivimos, aferrarse a él. Es preciso atreverse a cambiarlo desde sus logros mejores. Impulsar una cultura emancipadora basada en lo mejor que hemos logrado para dar por terminado el pensamiento hegemónico. Y, sin negar los mejores logros, avanzar desde donde estamos. Caminar juntos, no revueltos, no "calientes", oportunistas ni arribistas… caminar inteligentemente con un programa de acuerdos, que están por crearse, aunque ya los tengamos en mete. Hace mucho.

Denunciemos la barbarie cultural que nos acorrala y devasta, denunciemos los genocidios y la censura donde ocurran. Denunciemos la miseria. Somos testigos, protagonistas y víctimas de una guerra ideológica virulenta empeñada en imponer los valores burgueses más nocivos y aberrantes. Bien pudiéramos luchar unidos por una cultura emancipadora que expanda e inaugure visiones y conciencia de una humanidad sin clases, sin estado, sin propiedad privada. cultura emancipadora y democrática de verdad para la resolución de los problemas en la vida práctica, armada también con poesía, para liberar a la humanidad de todo aquello que la aprisiona en los límites de sus necesidades más elementales. Cultura para gozar de la vida con verdadera calidad de vida. Cultura emancipadora contra el culto de la vanidad salivosa. Contra todo engendro neoliberal vomitado a destajo como moral de prostitución o cursilería negociables. cultura contra la palabrería santificada de burocratas mediocres. Contra los retruécanos sensibleros de los “genios”, se llamen como se llamen, publiquen lo que publiquen, se premien como se premien. cultura emancipadora capaz de iluminar con sus fulgores las zonas más intrincadas del la vida, de los universos interiores y exteriores, luz de formas nuevas, venidas de la producción emocional de todos, la magnificencia misma de la humanidad emancipada. No hemos visto, todavía, la mejor era de la cultura que nos exige no seguir retrazando su desarrollo.

Una vez que hayamos asumido un estado de visión semejante ya no será posible, como es ahora en garras del neoliberalismo, confundir la mentira con la verdad. Hay algo esencial en la cultura emancipadora que no se reduce a la producción y transmisión (simple o compleja, nítida o sucia, de signos, códigos, señales...); es algo que ninguna burocracia puede sustituir o secuestrar, aunque lo intente. Es ese proceso complejo material y dinámico, producto de las necesidades y la inteligencia, que crea, que objetiva lo mejor de nosotros, que transmite y recibe mensajes de esperanza no alienante en una red social con desafíos cuantitativos y cualitativos, muy precisos y siempre en tensión y lucha, para lograr la movilización dialéctica de la humanidad unida y conciente.

La cultura emancipadora es un hacer social para movilizarse que requiere coincidencia, asunción de riesgos, superación de problemas, programa y evaluación permanente. Un proceso in-atomizable. Es un trabajo. En esto radica la necesidad inobjetable de mantener clara la relación del trabajador de la cultura con lo que produce y en qué estado se encuentra su relación con lo producido y con el conjunto de las relaciones sociales de los demás trabajadores de la cultura. Es un trabajo inexcusable que permite reconocer problemas y tareas en condiciones de urgencia evidente. En nuestros días es necesario sembrar y prohijar la idea de una cultura emancipadora por todas partes, impulsar lenguajes y "puesta en común" nuevos hasta que alcancemos la definición de la revolución cultural, en el sístole y el diástole, donde se pondrá en marcha la unidad, no uniforme, de todos los trabajadores de la cultura.

Aunque a muchos les moleste la insistencia

Es nuestro derecho y nuestro deber generacional que la cultura emancipadora signifique, en la práctica y en la teoría, todo lo contrario a lo que padecemos hoy. Que sea sinónimo de justicia, bienestar, creatividad, imaginación y dignidad. Este modelo neoliberal inoculado a la producción de la cultura no es un problema metafísico ni extraterrestre… es consecuencia de la propiedad privada, del secuestro de las herramientas de trabajo, del secuestro burocrático de los presupuestos y de la administración corporativa de la violencia y la censura legalizada por gobiernos ilegítimos. Eso puede cambiarse.

Tenemos derecho a luchar por una cultura emancipadora como fuerza creadora y des-alienante, trampolín de la conciencia, llave para la claridad, la construcción colectiva de un espíritu transformador sin miedos. Cultura emancipadora querida, vigilada, cultivada… respetada por todos inexcusablemente… Y tenemos derecho, y obligación generacional, para denunciar la alienación que nos acorrala. Derecho para irritarnos y propagar la prosa de nuestras denuncias más irrefutables, para probar cuánto podemos movilizarnos. Expresar libremente la nausea y el rechazo contra toda la obscenidad burguesa que frena el desarrollo de la humanidad. Y sobre todo tenemos derecho a organizarnos, con independencia política, con independencia semántica y con unidad que nos defienda del derrumbe inminente del capitalismo que, en su fase neoliberal, es una máquina de destrucción masiva descomunal. No es un chiste.

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© 2009 por Eric Jackson
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