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Vol.
15, No. 12 |
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en esta sección: Socio-Turismo:
Turismo con conciencia social
por Gloria Rudolf María Rivera y Pedro González son una pareja feliz! Después de años de duro trabajo en Panamá -ella como enfermera, él como médico- están los dos a punto de jubilarse. Por tan solo 3 mil balboas acaban de comprar 3 hectáreas en Loma Bonita, una comunidad en las montañas de Coclé. Solo hace poco tiempo las tierras en esta región de Panamá se han vuelto accesibles gracias a un camino pavimentado, pero Loma Bonita aún no tiene servicio de electricidad. Arriba en las laderas de esta comunidad de pequeños agricultores y trabajadores migrantes, donde el aire es fresco y la vista impresionante, María y Pedro van a construir una segunda casa de descanso. (Los nombres son seudónimos para proteger las identidades todos). Ricardo Suarez les vendió estas tierras que habían estado en su familia por, al menos, cuatro generaciones. Ricardo y su esposa, Amelia Mendoza, se sienten aliviados, por el momento, de haber recibido lo que ellos consideran una buena cantidad de dinero para ayudarlos a resolver sus muchos problemas urgentes. Lo van a usar para atender los problemas médicos de Ricardo, y, si queda algo, ampliar y mejorar su casa de cemento de tres cuartos. A pesar de que los hermanos de Ricardo no están de acuerdo con su decisión de vender sus tierras a forasteros, él y Amelia están contentos de obtener en este momento ese tan necesitado dinero, como la promesa de Pedro y María de un trabajo pagado posterior, cuidando la casa que van a construir. Este tipo de turismo se está dando por todas partes en Panamá donde nuevas vías y carreteras dan a panameños y extranjeros de clase media y alta acceso por primera vez a algunos de los codiciados paisajes de las montañas y el mar. Desde que el camino pavimentado llegó a Loma Bonita en 2002, han empezado a aparecer vehículos todoterreno tan anchos como las vías; los conductores bajan sus ventanas oscuras para preguntar sobre tierras que estén a la venta. En este corto tiempo, la gente de la comunidad ha vendido, al menos, 25 lotes a forasteros, un número significativo en una comunidad de solo unas 85 familias. Algunos compradores, como María y Pedro, son panameños o turistas extranjeros que buscan tener una casa de descanso; otros, sospecha la gente, son especuladores de tierras que vienen a comprar barato para luego revender al mejor postor. Pronto todos estos forasteros construirán cercas protectoras con entradas cerradas alrededor de sus nuevas propiedades. Estas ventas son una bonanza obvia para estos compradores en lugares como Loma Bonita donde las necesidades económicas pueden ser extremas y el precio de la tierra mínimo. ¿Serán también una bonanza para vendedores como Ricardo y Amelia? ¡Probablamente no! Vender tierras a forasteros puede traer un alivio temporal a los problemas económicos, pero no provee soluciones a las desigualdades que generan esto problemas: Amelia y Ricardo pronto necesitarán dinero nuevamente para cubrir sus necesidades, y, cuando eso suceda, tendrán aún menos tierras para vender, cultivar alimentos, criar ganado, o procurar un futuro en Loma Bonita para sus hijas y hijos. De hecho, la venta de estas tierras probablemente va a añadir nuevos problemas para los vendedores. En primer lugar, el número de trabajos nuevos que se crearán en Loma Bonita, como constructores y guardianes de las casas y jardines de la gente de afuera serán suficientes para emplear solamente a un segmento muy pequeño de la fuerza laboral de la comunidad, una situación que puede aumentar la desigualdad económica entre las familias y agravará los conflictos que la acompañan. Lo que es más, los salarios más altos que pagan los nuevos propietarios aumentarán el precio del trabajo para todos en Loma Bonita, dejando a muchas familias imposibilitadas de pagar a los y las peones que necesitan para completar las tareas agrícolas. Además, las cercas y entradas cerradas que los afuereños construyan pueden finalmente bloquear el acceso de la gente de la comunidad a sus propias tierras y suministro de agua. En resumen, la venta de estas tierras no va a llevar a un 'desarrollo de la comunidad' en el sentido de dar a todas las familias un mejor futuro económico o dando a todos los jóvenes capaces de Loma Bonita oportunidades de educación secundaria o incluso universitaria. Más que las potenciales pérdidas económicas están las pérdidas sociales, menos visibles pero igualmente profundas. Por al menos dos siglos, Loma Bonita ha sido un lugar de relativa igualdad social y un refugio seguro para sus residentes. Los miembros de la comunidad, no obstante ser muy pobres en riqueza material, han sido ricos en recursos sociales. A pesar de algunas diferencias económicas entre familias, y conflictos existentes, todos han vivido rodeados de familiares cercanos, compadres y vecino -gente de su misma clase, raza, grupo étnico- con los que se podía contar para dar ayuda durante los tiempos difíciles. Desde la Segunda Guerra Mundial, como más y más miembros de la comunidad han tenido que migrar lejos en busca de trabajos remunerados, este apoyo de familiares y vecinos se ha extendido a través del espacio. Para los migrantes, Loma Bonita ha sido un lugar en el cual refugiarse cuando los trabajos afuera se agotaron o los jefes fueron muy explotadores, y un lugar seguro para mandar a los hijos pequeños por un tiempo cuando los trabajos en sitios lejanos y las condiciones de vida lo requerían. También servía como un alegre refugio-un lugar para llegar en las vacaciones, celebraciones y soñar con la jubilación. El creciente número de ventas de tierras a forasteros más ricos que se está dando en la comunidad va a desestabilizar este refugio rural y la red segura de una relativa igualdad social. Por primera vez en su historia, Loma Bonita se va a convertir en una comunidad que alberga dos clases sociales muy desiguales: turistas ricos y especuladores de tierras, por un lado, y los miembros de la comunidad, por el otro. “Al final”, me dijo Enrique Morena, “dentro de nuestra propia comunidad nos convertiremos en los peones de esta gente de afuera”. Detener este proceso de venta de tierras necesitaría acciones gubernamentales fuertes que ataquen las fuentes de desigualdad en Panamá que, en el fondo, hacen y mantienen pobre a la gente empobrecida. Sin ese tipo de acciones o a falta de total solidaridad de la comunidad en contra de la venta de tierras, ¿hay algo que se pueda hacer, para al menos mejorar la posición de la población empobrecida de áreas rurales en este proceso? Para estimular el pensamiento creativo, aquí hay una idea. ¿Qué tal si cada forastero o forastera que compra tierras en una comunidad pobre como Loma Bonita tuviera que pagar una cuota anual para ser usada solamente para mejorar la escuela de la comunidad? Esto tendría que ser un proyecto apoyado por el gobierno, y tanto los residentes como los compradores de Loma Bonita necesitarían crear un proceso efectivo y transparente para manejar estos recursos. ¿Difícil de lograr? Claro que sí! ¿Imposible? No -si se da una fuerte voluntad política en todos los lados. Y, si no es esta idea, ¡hay otras para explorar! Muchos turistas de afuera posiblemente agradecerían una oportunidad de ayudar a mejorar las condiciones sociales de las comunidades en las que ahora comparten aspectos de su propio futuro. Después de todo, ¿no sería más deseable pasar momentos de descanso entre gente que lo recibe como a un buen vecino en vez de a un intruso rico? Este tipo de socio-turismo, turismo con conciencia social, podría poner a Panamá a la cabeza del diseño de nuevas maneras de crear un turismo que es sostenible porque beneficia a todas las clases sociales y protege uno de los recursos más importantes: las niñas y los niños que tendrán en sus manos el éxito o fracaso de su progreso futuro.
Gloria
Rudolf es una antropóloga estadounidense que ha estado
documentando la vida de la gente de Loma Bonita desde 1972. Incluido
en sus escritoras es el libro, La Gente Pobre de Panamá,
Víctimas, Agentes, y Hacedores de la Historia (Editorial,
Universidad Nacional de Panamá, 2000).
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