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Vol.
15, No. 16 |
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en esta sección: La tarea del Consejo de Derechos Humanos por Esther Brimmer A continuación, hay el discurso de la secretaria adjunta Brimmer en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU: Es desde luego un honor y un privilegio dirigirme al Consejo hoy día en esta importante ocasión para mi país. Estados Unidos tiene el placer de unirse al resto de nuestros colegas en el Consejo de Derechos Humanos. Al incorporarnos al Consejo de Derechos Humanos lo hacemos en un espíritu de respeto mutuo, junto a los amigos y asociados con los que trabajamos para forjar bases comunes en uno de los papeles más fundamentales del estado: la protección y el avance de los derechos humanos. La tarea del Consejo de Derechos Humanos tiene una estrecha relación con la propia historia y cultura de Estados Unidos. La libertad de expresión, de palabra y de credo. El debido proceso. La igualdad de derechos para todos. Estos principios perdurables han dado origen a algunos de los momentos de más orgullo en la forja de Estados Unidos. Estos derechos humanos y libertades fundamentales son en realidad, parte de nuestra esencia nacional tanto como parte de la esencia de las Naciones Unidas. Y no obstante, reconocemos que el historial de Estados Unidos en materia de derechos humanos es imperfecto. Nuestra historia incluye lapsos y retrocesos y todavía queda mucho trabajo por hacer. Pero nuestra historia es una historia de progreso. Por supuesto, mi presencia aquí hoy es un testimonio de tal progreso, como lo es la administración a la que sirvo. El presidente tiene la esperanza, y yo también, de que podamos continuar con este impulso tanto en nuestro país como en el mundo. Nuestra decisión de ser parte del Consejo de Derechos Humanos no la tomamos a la ligera, y la hicimos sobre las bases de un enfoque claro y optimista de lo que podemos lograr aquí. Nuestra visión no es simplemente hecha en Estados Unidos, sino que más bien refleja las aspiraciones contenidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el mandato del Consejo de Derechos Humanos en sí mismo. Construyendo sobre la base de estos cimientos, las aspiraciones de Estados Unidos para el Consejo de Derechos Humanos abarcan varios temas claves. El primero es la universalidad. El año pasado celebramos el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Los principios que contiene son tan relevantes hoy día como lo fueron cuando Eleanor Roosevelt dirigió la comisión que los consagró. No podemos escoger y elegir cuáles de estos derechos acoger ni seleccionar quiénes entre nosotros son sus titulares. Todos recibimos desde el nacimiento el derecho a una vida digna, a seguir nuestras conciencias y a decir lo que pensamos sin miedo, elegir quién nos gobierna, pedir cuentas a nuestros líderes y disfrutar de justicia e igualdad ante la ley. Estos derechos son de todos y Estados Unidos no puede aceptar que nadie entre nosotros sea condenado a vivir sin ellos. El segundo es el diálogo. El Consejo de Derechos Humanos es único y tiene la capacidad de unir países en debates serios sobre abusos de derechos humanos, basados en los hechos y que se orientan al futuro. Procuraremos tener discusiones profundas, enfocadas y abiertas a todos los puntos de vista y perspectivas. Ginebra es el lugar para este crítico diálogo y Estados Unidos será un participante activo y constructivo. Este diálogo es una propuesta a largo plazo. No resolveremos nuestras diferencias de la noche a la mañana, ni terminaremos con los abusos con el alza de una mano o la aprobación de una resolución. Se exigirá creatividad, flexibilidad y sensibilidad en todos los aspectos. Nos dedicaremos a esta actividad concienzudamente, listos para dedicar el tiempo que sea necesario para crear entendimiento y una voluntad compartida de actuar. El tercero son los principios. Estamos unidos con los miembros del Consejo de Derechos Humanos por principios compartidos. Nuestro desafío implica utilizar estos principios, reflejados en la Declaración Universal y en muchos otros instrumentos de derechos humanos, y aplicarlos de una manera ecuánime a situaciones que no tienen fácil resolución. Defender nuestros principios fundamentales si se ven comprometidos y aplicarlos justamente en toda circunstancia exigirá firmeza y valor de todos nosotros. El cuarto es la verdad. No se equivoquen; Estados Unidos no se hará la vista gorda ante serios abusos a los derechos humanos. Se debe decir la verdad, los hechos deben salir a la luz y se debe asumir las consecuencias. Si bien trataremos de lograr terreno común, diremos las cosas como son y defenderemos nuestra postura cuando la verdad esté en juego. Estos cuatro principios: universalidad, diálogo, principios y verdad nos guiarán mientras ponemos atención a una serie de asuntos claves en los próximos meses. Estados Unidos trabajará con otros para atender en el Consejo los abusos más atroces a los derechos humanos. A Estados Unidos le inspiran las demandas apasionadas de los defensores de los derechos humanos que están bajo asedio en todo el mundo y que piden que nosotros y el Consejo hagamos algo. Nos motivan también las perniciosas maquinaciones de los países que tratan de ocultar y negar los abusos que cometen. Las resoluciones específicas por países demuestran nuestra voluntad colectiva de atender algunas de las situaciones más importantes relacionadas con los derechos humanos en el mundo. Ofrecen espacio a los defensores de los derechos humanos para que puedan seguir adelante con su trabajo valiente y, por medio del trabajo de los encargados del mandato, ofrecen mecanismos y recomendaciones de monitoreo que pueden orientar las reformas. Urgimos a los estados a apoyar la independencia de los procedimientos especiales de derechos humanos por ser recursos vitales en la lucha por los derechos humanos. Como el presidente Obama lo dijo en su discurso de junio en El Cairo, Estados Unidos quiere lograr la cooperación en base de interés mutuo y respeto mutuo. Con ese fin, Estados Unidos se empeña en trabajar con otras naciones que comparten nuestro compromiso con la protección de la libertad de expresión y combaten la discriminación y los estereotipos negativos. El Consejo de Derechos Humanos está diseñado para ser un foro en el que los gobiernos puedan atender las cuestiones difíciles, y es de vital importancia que encontremos maneras de trabajar juntos en estos temas. Estados Unidos considera que los gobiernos tienen la responsabilidad de condenar el lenguaje de odio y promover el respeto y la tolerancia. Creemos fundamentalmente también que la mejor manera de combatir la intolerancia y el odio es por medio del debate libre y abierto y con la discusión de las ideas, de manera que en un entorno tan abierto las declaraciones de odio y racistas puedan ser expuestas a la luz del escrutinio público y verse como la plaga que ellas son. Les pediremos a otros que nos respalden en el apoyo a la tarea de la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos, cuya estatura la hace una voz indispensable en cuestiones de derechos humanos en todo el mundo. Estados Unidos siente orgullo de ser el principal donante de la OACDH. La OACDH, al trabajar mediante sus oficinas locales y regionales, sirve como un "sistema de alerta anticipada", dando la alarma para llamar la atención a los abusos de derechos humanos. Estados Unidos está dedicado a garantizar la independencia operacional de la OACDH y seguirá apoyando sus actividades de ayuda técnica en todo el mundo. A medida que Estados Unidos procura impulsar los derechos humanos y las libertades fundamentales en todo el mundo, nosotros adoptamos el compromiso de cumplir con esos ideales en nuestro país y cumplir nuestras obligaciones internacionales en cuanto a derechos humanos. A este respecto, Estados Unidos espera con interés el próximo EPU (Examen Periódico Universal), que es una oportunidad de auto reflexión y transparencia. Anticipamos un proceso motivador de ideas, con nuestros colegas en el Consejo y la sociedad civil, que culmine en un examen que revele progresos, así como áreas de potencial por aprovechar. Finalmente, nos sumaremos a ustedes para reforzar la importancia de la responsabilidad y el buen gobierno en el Consejo, para asegurar que nuestras operaciones y deliberaciones reflejen los valores que se nos ha confiado respetar. Y trataremos de reforzar el impacto del Consejo mediante una revisión productiva y efectiva del Consejo en 2011. Esperamos que otros se sumen a nosotros en atender ese proceso, conscientes de nuestros principios compartidos, pero abiertos a enfoques nuevos y creativos. La paz internacional y la seguridad, y la prosperidad mundial, se fortalecen cuando los derechos humanos y las libertades fundamentales se respetan y protegen. Reconocemos y valoramos la importancia de esta institución en la promover las normas de los derechos humanos y consolidar nuestra voluntad colectiva para atender los casos de abusos a los derechos humanos donde estos ocurran. Con este fin, hemos fijado una meta para este Consejo, tan elusiva como sencilla. El progreso. Es la misma meta que mis compatriotas hombres y mujeres se fijaron para sí mismos, y esa es la misma meta que seguimos manteniendo para nosotros. Es también, creo yo, la expresión más básica de todo lo que esperamos en este Consejo hoy, y al seguir adelante. Por ello, con ese fin, dediquémonos a concluir esta sesión con un mecanismo de derechos humanos más fuerte y robusto que el que teníamos al reunirnos aquí hoy. Esther Brimmer es la secretaria adjunta del Departamento de Estado para Organizaciones Internacionales También
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2009 por Eric Jackson email: editor@ThePanamaNews.com ó e_l_jackson_malo@yahoo.com dirección
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