En
Brasil:
Bolsa
Traducción e Industria Editorial
por
Bruno Peron
Dentro
de la copiosa producción literaria brasilera, sólo una
ínfima
parte de los autores se hacen conocer a nivel nacional y menos
aún
fuera de las fronteras del país. Las industrias editoriales
seleccionan aquellos de mayor potencial para aumentar las ventas en
el sector. Afortunadamente existen políticas públicas que
impulsan
a los de menor potencial, que no por eso dejen de tener calidad.
El
Ministerio de Cultura, a través de la Fundación
Biblioteca
Nacional, creó el Programa de Apoyo a la Traducción de
Autores
Brasileños, cuyo objetivo es ampliar la presencia de escritores
brasileros en el mercado editorial internacional. El Ministerio
dedicó R$ 364 mil para este Programa en 2010 a fin de incluir
varios
géneros literarios, autores menos conocidos y de diversas
regiones.
La
"Bolsa Traducción" que se dirige a editores nacionales y
extranjeros es como acuñó el Programa que tiene como
objetivo
introducir otros autores brasileros en un circuito privilegiado. Las
traducciones al español, francés, alemán,
inglés, etc. difunden
expresiones de culturas nacionales en contextos dónde somos
tendencialmente estereotipados.
Extranjeros
de distintos países tienen interés en nuestras
expresiones
culturales, pero el idioma portugués es para muchos una barrera
infranqueable. Por tanto las traducciones despiertan la curiosidad en
nuestra producción científica y en la de ficción,
que es tan
merecedora como la de autores de países más desarrollados
técnicamente.
Debemos
resistir la presión de descalificación de nuestra
ciencia, nuestra
cocina y nuestro idioma. Parte de esa presión se ejerce mediante
la
primacía del inglés en las publicaciones en revistas
arbitradas, la
adopción de hábitos alimenticios fútiles y
nocivos, el lenguaje de
extranjerismos en los "delivery" de pizzas y los "drive
tours". El programa "Bolsa Traducción" insiste en el
fortalecimiento y la divulgación de lo propio antes que nuestras
obras no necesiten más de traducciones. Con esto no se predica
el
rechazo a lo extranjero, que es parte de la disposición
acogedora
del Brasil, sino la defensa de la soberanía cultural y
lingüística
que nos caracteriza como brasileros.
Es
preciso realizar el sueño de un mundo en que los pequeños
escritores también tengan oportunidad de exportar otras visiones
además de las de media docena de escritores privilegiados.
La
Feria del Libro de Frankfurt homenajeará al Brasil en 2013 con
la
oferta bibliográfica en un stand de 2.500 m2, lo que impulsa
este
segmento del mercado editorial. La Feria escoge desde 188 un
país
por año para presentar su producción literaria.
Recuérdese que en
1994 Brasil ya había participado, ahora tendrá una nueva
oportunidad. Esto representa un nuevo presente del cielo. Una
crítica
que surge es que la infraestructura (financiera, humana, etc.) de
Brasil para la Feria de Frankfurt responde a una política que no
es
la nuestra. El país debería ser por el contrario el
agente promotor
de las políticas culturales que nos divulguen en el exterior,
por
ejemplo con el fortalecimiento de los Centros de Estudios Brasileros
(CEB).
Cuando
aumenta la lectura de libros de nuestros autores y el interés de
los
extranjeros en Brasil, ellos vienen al país y financian el
turismo,
generan empleos en el sector y anulan las impresiones falsas que se
tienen de Brasil en el exterior. El gobierno de Colombia propone una
política cultural en canales internacionales de
televisión, como en
CNN (Cable News Network) arriesgándose a fijar estereotipos y
decir
que en aquel país, el único riesgo es que el turista se
quiera
quedar.
Este
programa gubernamental que incentiva la traducción de libros
brasileros financia también a editoras extranjeras que por
extensión, incluyen otros escritores nacionales. La
cuestión es:
¿Si la producción literaria es buena, por qué no
divulgarla a un
universo más amplio de lectores? El Programa de Apoyo a la
Traducción de Autores Brasileños introduce a nuestros
escritores en
un círculo de inconmensurable relevancia. Es una alegría
adicional
para el escritor saber que su libro es leído en ultramar en otro
idioma.
Estados
Unidos y Francia divulgan sus culturas y fortalecen sus identidades
con las artes visuales. El cine estadounidense es una industria
próspera del sector cultural que incluye otros intereses de este
país, inclusive los militares. No es de extrañar que
turistas
brasileros paguen caro y se queden horas en colas del consulado de
EEUU en San Pablo para sacar una visa de viaje a ese país.
Las
políticas del Ministerio de Cultura para el sector editorial por
tanto, hacen mucho más que dar una bolsa de algunos millares de
reales para que se traduzcan autores brasileros. Es un servicio de
divulgación de Brasil en el exterior, que a mediano y largo
plazo se
convertirá en ganancia para otros sectores nacionales, como el
del
turismo.
Toda
la cadena (producción, circulación y consumo) de la
industria
editorial recibe beneficios de un programa como éste, desde los
derechos de autor del escritor hasta la publicidad de la obra. La
cultura es el pilar de las políticas públicas en
países que toman
al ser humano en serio.